Sánchez huye de la tensión catalana

Hace tiempo que el Gobierno de España debió haber denunciado a Bélgica como país de asilo de delincuentes (hasta de terroristas, como ocurrió con un miembro de ETA) y ahí incluido golpistas como el prófugo Puigdemont. El que violó descaradamente, la legislación española y catalana y el orden constitucional.

Un Puigdemontal que el país belga ha acogido como si de un exiliado de la política se tratara. Incluso semejante personaje ha presentado en Bélgica una demanda contra el juez Llarena del Tribunal Supremo español en la que se afirma que ‘España es un Estado delincuente’.

Ante estos hechos que inhabilitan a Bélgica y a su sistema judicial como el país que aloje a las primeras instituciones de la UE, el Gobierno de España no se moviliza y no quiere asumir la defensa de Llarena y de España.

Y a la vez Sánchez , mira hacia otro lado cuando empiezan a producirse casos de violencia en Cataluña por la invasión de lazos amarillos que los soberanistas despliegan en espacios públicos y las instituciones, mientras los Mossos acosan a quienes retiran los lazos y ya se ha producido una agresión física a una mujer que retiraba estos lazos con los que se ataca la convivencia y la vida democrática.

Sánchez huye de la tensión catalana mientras Torra calienta el ambiente en pos de un enfrentamiento civil, al tiempo que mantiene cerrado el Parlament y que, para celebrar sus primeros 100 días en la Generalitat, se traslada a Bélgica a recibir instrucciones de un Puigdemont que quiere ver a Sánchez con el deseo de que el presidente español le haga una nueva propuesta para  Cataluña.

Y mientras tanto nos acercamos a otras jornadas de alta tensión como serán la Diada del 11 de septiembre y al primer aniversario del referéndum del 1-O, en las que se espera el renacer del movimiento soberanista.

Hace unos meses dijimos que el juez Llarena y España debieron de aceptar que Alemania extraditara a Puigdemont a España aunque sólo fuera por el delito de malversación, lo que le habría dejado en la cárcel al menos por 10 años, cerrando de paso el frente internacional catalán.

Pero esto no se hizo y seguimos enredados en la espiral catalana donde nos tememos que Sánchez a través del PSC mantiene negociaciones secretas con el PDeCAT y ERC, para reducir a través de una propuesta de la fiscalía del Estado el nivel de las acusaciones y delitos que se les imputan a los hoy procesados por el golpe de Estado catalán, cuyos juicios se abrirán durante el otoño.

Pero Sánchez no tiene prisa porque antes necesita aprobar el decreto sobre el traslado de los restos de Franco, el techo de gasto de 2019 y toda una serie de propuestas económicas y sociales. Y para todo ello es fundamental que cuente con el voto de nacionalistas vascos y catalanes en el Congreso de los Diputados.

Por ello Sánchez huye de la tensión catalana que denuncian Cs y el PP porque él necesita ganar tiempo y cumplir sus promesas progresistas de la mano de Podemos antes de entrar de lleno en el curso electoral de 2019. El problema que puede tener Sánchez está en que en Cataluña aumenten los casos de enfrentamiento civil. Y si eso ocurre entonces el delicado castillo de naipes del Presidente Sánchez se podrá caer.

Pero mientras tanto el jefe del Gobierno español continúa disfrutando del poder y con solo 84 diputados impone su ritmo de crucero convencido, cuál experto funambulista, de que con sus pactos con nacionalistas y Podemos, llegara a las elecciones generales de 2020 y entonces renovará el poder.