Pablo Casado levanta expectación

La llegada de Pablo Casado a la presidencia del PP ha sorprendido dentro y fuera de su partido levantando una polvareda de mensajes contradictorios. Los que lejos dañar al nuevo líder lo lanzan al estrellato mediático dándole un plus de notoriedad y demostrando con ello que Casado, cuyo discurso en la batalla final del Congreso conservador y decisivo en su victoria, dejó claro que este joven político tiene claras ideas y un rumbo para navegar.

En el interior del PP muchos esperaban otra cosa, es decir a Soraya Sáenz de Santamaría y la continuidad del ‘Marianismo’ pero se han encontrado, y lo han asumido con sorpresa e ilusión, al joven y firme Pablo Casado en la confianza de que los puede conducir de nuevo al poder. Mientras la banda de las intrigas y maldades de Soraya se bate en retirada y busca, duramente derrotada, acomodo a la sombra de la nueva dirección del PP.

En la izquierda y mientras meditan el posible y verdadero alcance del cambio que se acaba de producir en el PP los portavoces que han salido al ruedo (al margen de la felicitación y buenos deseos del presidente Sánchez a Casado que ya es el líder de la Oposición) han caído en la descalificación simplista diciendo que el nuevo Presidente del PP representa al ‘franquismo’ (sic).

Lo que no solo dicen los portavoces más rijosos de Podemos sino también algún destacado ministro del Gobierno del PSOE como el titular de Fomento José Luís Ábalos, lo que resulta lamentable dada su responsabilidad y su posición en el Partido Socialista.

Parece claro que la izquierda, sin política nacional (solo plurinacional) y sin cuentas estables para garantizar la mejora del el crecimiento y el empleo y el cumplimiento con la UE, necesita desenterrar a Franco para hacerse valer entre sus votantes. Pero eso a las nuevas generaciones de este país ni les interesa ni les impresiona. Lo que preocupa a los españoles son otras cosas como la recuperación económica, el empleo y la unidad de España capítulos donde el PSOE se mueve incierto y con la mayor ambigüedad.

Luego está el centro de la política que pretende ocupar en exclusiva Cs, partido donde se congratulan por el inicial giro a la derecha del PP. Pero Albert Rivera no debería estar muy satisfecho porque para Ciudadanos el liderazgo agotado, fallido en Cataluña y marcado por la corrupción de Mariano Rajoy le daba buenos réditos en las encuestas electorales. Pero el joven liderazgo de Casado, más firme en Cataluña y limpio de corrupción, hará que el PP recupere muchos votos jóvenes que se fueron a Cs.

De manera que demos tiempo al tiempo pero no en línea con la vagancia e inmovilismo proverbial de Rajoy, porque el nuevo líder del PP y la Oposición hará muchas y nuevas cosas en su partido y en la política nacional.

Aunque tiene por delante algunos desafíos importantes como son: no perder la centralidad de la política; respetar la vida democrática y las libertades (la de expresión incluida) que dañaron Santamaría y Rajoy; y proponer reformas democráticas (no solo la ley electoral) y otras para la modernización del país y la regeneración ética de su partido. Todo eso que el ‘Marianismo’ eludió e hizo muy mal y que está en el origen de su asombrosa huida del poder y de su derrota en el Congreso del PP.