Rajoy se aparta entre luces y sombras

‘Me aparto pero no me voy’ dijo Mariano Rajoy en su emotiva despedida de la presidencia del PP, al que prometió ‘lealtad’ en alusión a José María Aznar y tras reivindicar ‘la grandeza de la política’ diciendo ‘soy político y a mucha honra’ y subrayar que ‘España es una gran nación unida y soberana’.

Y todo ello sin mencionar Rajoy, en aras de su imparcialidad, a ninguno de los candidatos que aspiran a la presidencia del Partido, Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado. Los que mantienen sus espadas en alto y sus opciones de triunfo hasta que este sábado se abran las urnas y los 3.082 compromisarios decidan con sus votos el nombre del nuevo líder del PP.

La recuperación del empleo y la salida de España de la crisis económica que se inició en 2008 es sin duda el mayor triunfo de Rajoy como él lo subrayó, aunque ese logro incluyó un duro ajuste fiscal y social que sufrieron millones de españoles. Y el desafío secesionista catalán y la abdicación del Rey Juan Carlos I fueron los acontecimientos políticos que marcaron su presidencia del Gobierno, en compañía con el estallido múltiple de la corrupción del PP, de la que nadie habló en la apertura del XIX Congreso de este partido.

Pero el mayor error político de Rajoy durante su Presidencia del Gobierno y del PP fue su decisión inexplicable de no dimitir en la moción de censura de Pedro Sánchez, lo que le abrió de par en par al líder del PSOE la entrada de La Moncloa y el control del poder en compañía de Podemos y sus aliados nacionalistas.

De manera que, en contra de lo que afirmó Rajoy ante el Congreso del PP, Sánchez no accedió al poder por la puerta de atrás sino por la principal y gracias a la asombrosa espantada de Rajoy, de la que nadie quiere hablar y que constituye la causa de la marcha de Rajoy y de la celebración de este Congreso extraordinario del PP para elegir un nuevo presidente.

La versión que Rajoy ofreció sobre la crisis catalana no fue cierta una vez que el desafío le estalló en las manos en 2017 a pesar que se vio venir en la manifestación catalana de la Diada de 2012 con la pancarta de ‘España nos roba’. Lo que Rajoy calificó de ‘lío y algarabía’ sin articular una respuesta ni entender el alcance de la movilización, ni investigar los planes golpistas del nacionalismo y sus terminales financieras y de comunicación.

Rajoy (y su vicepresidenta Santamaría) no se enteró y despreció el desafío hasta que lo tuvo encima. Y cuando se violentó el orden constitucional los días 6 y 7 de septiembre Rajoy no se atrevió a aplicar el artículo 155 como debió y con lo que habría impedido el referéndum del 1-O y la declaración de independencia de Cataluña en el Parlament.

Rajoy llegó tarde y mal, por miedo o dejadez, y ello causó un enorme daño a España. Aunque luego tras el discurso del Rey Felipe VI exigiendo reponer el orden constitucional, Rajoy sí aplicara el 155, destituyendo el Gobierno de Puigdemont y disolviendo el Parlament. Y convocando el 21-D, demasiado pronto, las elecciones catalanas sin haber desmontado antes la estructura del golpe de Estado.

De manera que cuidado con el autobombo en las emotivas despedidas y en la Historia reciente mal contada porque ‘de todo hay en la viña del Señor’. Y como en toda obra humana hay luces y sombras que no se pueden olvidar ni se deben ocultar.

Tanto en la presidencia del Gobierno de Rajoy como en la del PP donde con su implacable autocracia Rajoy fue dejando a su paso un largo reguero de ‘cadáveres políticos’ de sus adversarios (Aguirre, Gallardón, Pizarro, Rato, Cascos, Mayor, San Gil, Zaplana, Acebes) algunos de ellos caídos por sus méritos o escándalos y otros discretamente ‘ayudados’ por el propio Rajoy.

Al último al que ha pretendido sepultar, precisamente en este Congreso del Partido, ha sido José María Aznar a quien Rajoy no mencionó e impidió que se invitara al Congreso. Pero con Aznar se van a equivocar porque si gana Casado volverá a tener presencia e influencia en el PP, y si gana Santamaría reaparecerá con una nueva fuerza política en el centro derecha español.

A fin de cuentas Aznar ha sido el gran ausente y el ‘convidado de piedra’ del XIX Congreso del PP. El Partido que él refundó, llevó a la victoria electoral y presidió durante 14 años (y en el que cometió grandes errores en la Guerra de Irak y los atentados del 11-M) que ayer se borraron de un plumazo en la Historia del PP, lo que no estuvo nada bien.

En realidad ayer y entre sombras, hubo un duelo directo e indirecto por el liderazgo de la derecha española entre Aznar y Rajoy. El que hoy volverán a repetir Casado y Santamaría en la votación final que está al llegar.