De Downing Street a Moncloa, misiones imposibles

La frase, o la sentencia, se le atribuye al torero Rafael Gómez Ortega, ‘El Gallo’ y dice así: Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible’. Eso es lo que ha pasado en el Reino Unido con la pretensión de la ‘premier’ Teresa May de romper con la Unión Europea pero solo a medias; y lo que le ocurre en España al Presidente Pedro Sánchez en su intento de buscar un acuerdo con Quim Torra para un problema irresoluble como es la pretensión de que Sánchez renuncie a la Constitución y les regale la independencia de Cataluña.

A la ilusa May le acaban de dimitir sus ministros eurófobos del Brexit, David Davis, y de Asuntos Exteriores (aunque parece de la Guerra), Boris Johnson, porque la primera ministra pretendía aprobar en el Parlamento un Brexit que no incluyera la ruptura de las relaciones comerciales (Mercado Único) con la UE salvo en los servicios y la libre circulación de personas y que mantuviera la Unión Aduanera entre las dos Irlandas.

Pero aunque el Gabinete de May parecía apoyar el ‘Brexit blando’ los más duros y eurófobos Davis y Johnson dimitieron y desde el ala más dura del Partido Conservador (y desde el Partido Laborista) pidieron la cabeza de la primera ministra, que no podrá aprobar su soñada cuadratura del círculo y que se encuentra en serios apuros cuando solo faltan nueve meses para la salida del Reino Unido de la UE según el calendario pactado del Brexit.

May en apuros como hace poco lo estaba Angela Merkel en Berlín acosada por la derecha bávara (CSU) de su partido por cuestiones de inmigración. Lo que confirma la ola radical conservadora que afecta a Inglaterra, Alemania, Italia, Polonia, Hungría y Austria. Todo ello en vísperas de la llegada al Viejo Continente del señor de la guerra comercial y el líder mundial del populismo conservador, Donald Trump.

Lo de la melosa y ridícula luna de miel de Sánchez y Torra, con sonrisas, risotadas e intercambios de regalos (libros y licores) y con paseo por los jardines de Moncloa hacia la fuente amorosa de Antonio Machado, no deja de ser un asunto regional, ya judicializado aunque se hable de ‘problema político’. Y de momento bloqueado y sin visos de solución.

Por lo que la pretendida distensión entre Madrid y Barcelona dependerá solo y exclusivamente de la paciencia de Torra porque en Madrid Sánchez le ha dicho, con muy buenas palabras que ‘no es no’ y que aquí manda el artículo Segundo de la Constitución. O sea que habrá normalidad si Torra no vuelve a pisar la raya de la legalidad. Pero si la pisa Sánchez deberá volver a aplicar el 155 en el territorio catalán y entonces vuelta a empezar.

Ahora bien si lo que pretendían Sánchez y Torra era dejar ahora en evidencia la ausencia de diálogo en el tiempo pasado de Mariano Rajoy esa diferencia sí que ha existido pero con un matiz importante: que Sánchez y Torra se han visto en Moncloa porque así lo quiso Rajoy al regalarle el poder a Sánchez y no dimitir -aún no sabemos el por qué- durante la moción de censura.

Pero el tiempo y Quim Torra (que debería seguír el ejemplo de Luis Enrique en la Selección) le demostrarán a Pedro Sánchez cuando el soberanismo vuelva a la carga contra de España, que volverá, que Rajoy a pesar de sus muchos errores en Cataluña tenía razón cuando rechazó hablar de la independencia o la autodeterminación con Torra o Puigdemont.

Y también se acordarán los ingleses, con nostalgia, de Teresa May si por fin apuestan por el Brexit duro y la ruptura comercial con la UE porque eso será para el Reino Unido un gran desastre político (en Escocía y las dos Irlandas), económico y social.