Los niños de Tailandia y otros antecedentes

El mundo entero está pendiente de la vida y el impresionante rescate de los 12 niños de Tailandia encerrados en una cueva rodeada por muy poderosas corrientes de agua. Una tragedia que medios de comunicación y las redes sociales están transmitiendo minuto a minuto y donde ya ha fallecido uno de los buzos que participan en el rescate, en el que ya se han salvados seis de los pequeños y donde se temen nuevas inundaciones.

De ahí la urgente necesidad de completar el rescate y la lucha contra el reloj y las lluvias monzónicas de esa zona del país asiático que están librando los audaces rescatadores.

Vivimos una angustia que nos recuerda, hace unos años, al rescate de varios mineros chilenos atrapados en una profunda galería de la mina a la que se produjo un derrumbe y a donde se llevaron, como ahora en Tailandia, a los mejores expertos en este tipo de situaciones, las mejores herramientas y la más avanzada tecnología para facilitar el rescate.

Frente a estas noticias, y otras imágenes como la de los niños enjaulados en USA y separados de sus padres por las duras decisiones del Gobierno de Donald Trump -que inicia una visita a Europa-, no caben otras prioridades en la información.

Ni el Mundial de Fútbol de Rusia, ni Wimbledon, ni el Tour, ni el futuro de Cristiano Ronaldo. Ni, en el caso de España, la visita del catalán Torra a Sánchez en Moncloa, ni la batalla en el PP de Santamaría y Casado para sustituir al desaparecido Rajoy, ni los Sanfermines.

La atención mundial está en Tailandia y los primeros rescates han abierto una vía de Esperanza por más que todavía queda -a la hora de escribir esta crónica- mucho trabajo y poco tiempo para borrar de nuestra memoria las imágenes de los pequeños aún atrapados en la cueva, lo que no será fácil de olvidar.

Como inolvidable es el cuerpo inerme del pequeño niño sirio Alan Kurdi que murió ahogado cuando huía de la guerra fratricida de Siria en la compañía de sus padres no pudieron sobrevivir al naufragio de una frágil y saturada embarcación en la que se dirigían a Grecia.

Y que se hundió cerca de Turquía, país en cuyas playas aparecieron los cuerpos ahogados de los náufragos y entre ellos el del pequeño Alan, como se vio en unas impresionantes fotografías que en la memoria de todos están. Y al fondo de todas estas dramáticas historias solo nos queda la esperanza de que no se repitan situaciones semejantes y una palabra no ahora no está de moda en las sociedades avanzadas de Occidente: Solidaridad.