Sánchez camino de sus triunfales vacaciones

A Pedro Sánchez no le ha salido nada mal el despegue de su Gobierno feminista, salvo el incidente de Maxim Huerta y la tontería de las fotos con gafas en el avión presidencial. Y en tan solo pocos días ha trasladado los presos golpistas a Cataluña y los etarras al País Vasco (dos medidas sin duda precipitadas y temerarias), ha tomado el control de RTVE, abrió los puertos españoles a los barcos y pateras de emigrantes y a punto está de trasladar los restos de Franco al panteón familiar del dictador.

Además Sánchez ya se ha entrevistado con los primeros mandatarios de Francia, Alemania, Portugal, Colombia y el secretario general de la OTAN,  asistió a su primer Consejo Europeo y pronto participará en la cumbre de la Alianza Atlántica donde conocerá a Donal Trump, a quien le ha dicho que España no aumentará su aportación económica a la Alianza. Y el pasado viernes conversó brevemente con Obama a su paso por Madrid. 

Pero antes de irse de vacaciones, imaginamos que a Doñana, Sánchez va a recibir en Moncloa al pintoresco y fascistoide presidente catalán Quim Torra que, justo es decirlo, es quien mejor representa el espíritu, el talante y los modales no democráticos y golpistas del nacionalismo secesionista catalán. 

A Torra, en pago por los votos del PDeCAT y ERC en la moción de censura, Sánchez ya le ha regalado el traslado de los presos golpistas a Cataluña para que organicen allí, todos juntos, un Consejo del ‘golpe continuo’ y para que Torra convierta las cárceles en santuarios y en centro de propaganda

internacional. Y solo falta que se escapen los presos en un descuido de los Mossos, lo que para Sánchez sería mortal o incluso puede que una solución al problema para que se instalen todos con Puigdemont en Waterloo. 

Al PNV, por sus votos, le otorgó Sánchez el traslado de los presos de ETA al País Vasco y a Podemos el control de RTVE, cumpliendo así sus promesas o el dicho popular de ‘no preocuparse porque habrá globitos para todos’. 

Sin embargo y a pesar de los públicos desprecios al Rey de Torra, Sánchez recibe este lunes en Moncloa al presidente de la Generalitat para que pida todo lo que quiera, incluida la Luna, la independencia, la autodeterminación, la liberación de los presos y el final de los juicios pendientes por el golpe de Estado.

Y que se cuide Sánchez de hacer más regalos y concesiones a Torra no vaya a ser que se le estropeen las vacaciones que sin duda se tiene bien merecidas tras su espectacular golpe de mano de la moción de censura. El que contó con la sorprendente colaboración de Mariano Rajoy quien, al negarse a dimitir, le regaló el poder a Sánchez y todavía seguimos sin saber el por qué, mientras Casado y Santamaría se disputan la presidencia del PP y mientras Albert Rivera permanece en el mayor de los desconciertos por la fuga de Rajoy a quien consideraba su talismán electoral y su rehén. 

Cuando Sánchez esté en Doñana admirando su impresionante atardecer podrá recordar lo ocurrido en esos siete últimos días del pasado mes de mayo. El 24 jueves él era el líder del PSOE y de la Opodicion, con solo 84 diputados, sin escaño en el Congreso y viendo como Rajoy acababa de lograr que Cs y PNV le aprobaran los Presupuestos de 2018, lo que le garantizaba a Rajoy su presencia en el poder hasta mediados de 2020.

Y el 1 de junio Sánchez ya era presidente del Gobierno de España. Algo tan asombroso como inexplicable para el entorno de Rajoy y el conjunto de los más conspicuos analistas del país. ¿Qué pasó? Nadie lo sabe y puede que ni él mismísimo Rajoy. Pero ahí está Sánchez al mando del timón de España con solo 84 diputados, complejas y radicales alianzas y con una oposición por ahora en desbandada que por el momento le dejará gobernar hasta que se vaya acercando el tiempo electoral.