Europa herida y dividida por la inmigración

Cuando aún estamos rompiendo las ataduras de la crisis financiera que estalló en 2008 con el hundimiento de Lehman Brothers en Nueva York, y cuando nos acercamos al año 2019 para romper amarras con Gran Bretaña y él presidente Trump amenaza con una guerra  comercial de imprevisibles consecuencias, en el seno de la Unión Europea se acaba de abrir, con claro retraso y con decisión, el debate de la inmigración que divide a los países europeos y da alas a movimientos anti europeístas y al populismo xenófobo de izquierda y derecha.

Articular una base sólida de respuesta (en puertos y campamentos europeos para la acogida de los inmigrantes) al problema migratorio ha sido el objetivo de la cumbre informal e incompleta de la UE celebrada este domingo con la intención de preparar el Consejo Europeo de los próximos días 28 y 29 que será el marco oficial para la toma de decisiones.

Y también el lugar donde se pondrá a prueba la unidad y la solidaridad de la UE. Con la advertencia incluida del presidente Macron a las naciones que se resisten a cooperar en las nuevas políticas de migración de que aquellos que  no sean solidarios serán penalizados económicamente y tenidos en cuenta a la hora de repartir las ayudas solidarias que reciben de la UE.

Lo que quiere decir que la decisión de articular ahora una respuesta eficaz y europea al problema migratorio va en serio. Y vamos a ver qué hace Italia (y su xenófobo ministro Salvini) y el resto de naciones reticentes como Polonia, Hungría, Chequia y Eslovenia, porque todo apunta a que un acuerdo pleno no será posible y habrá que conformarse con acuerdos más limitados y con actuaciones conjuntas y regionales entre dos y tres países por zonas.

Naturalmente quienes dirigen esta actuación europea son Macron y Merkel, y a ellos se ha sumado con decisión el presidente Sánchez que presume de manera prematura de un eje triple entre París, Berlín y Madrid, al que desea añadir Lisboa.

En todo caso España tiene que apoyar la solución europea a la crisis de la inmigración del Mediterráneo (y los problemas de traslados intra europeos en el territorio Schengen), sobre todo por la cuenta que nos trae a nuestro país ante la continua avalancha de pateras que llegan a España desde la costa de Marruecos.

País con el que ya veremos cómo se entiende Sánchez tras postergar la que era su habitual primera visita a Rabat. Pero país donde el Rey Felipe VI y el Presidente Macron tienen una especial relación con el monarca Mohamed VI que es quien en Marruecos manda y toma la última decisión.