La inquietante visión de Sánchez sobre Cataluña

Pedro Sánchez ha entrado con buen pie en la Presidencia del Gobierno y ayer se estrenó en la escena internacional con un encuentro en el Palacio del Elíseo de Paris con el Presidente de Francia Emmanuel Macron, a quien Sánchez aduló diciendo amén a todo lo que Macron propuso en la inmigración, euro, Brexit y defensa europea.

Lo que por otra parte no está fuera de eso que el Presidente español llama la ‘normalidad’, que en este caso no es otra cosa que aceptar en Europa el mando bicéfalo de Merkel y Macron.

La novedad de este viaje a París fue que Sánchez ha roto la tradición de iniciar los viajes oficiales del nuevo presidente español por Marruecos. Un gesto que no habrá gustado al monarca alauita el Rey Mohamed VI y que podría estar en el origen de esta nueva oleada de pateras del Estrecho que ayer dejaron 600 inmigrantes en las costas españolas del sur.

Y ha sido en Paris donde Sánchez ha comentado el descortés y desafiante encuentro en Tarragona entre el Rey Felipe VI y el presidente catalán Torra, quien no recibió al Rey y anunció la ruptura de la Generalitat con La Corona, lo que a Sánchez le pareció positivo porque en su opinión ‘dice mucho de la voluntad de recomponer relaciones’.

Una versión falsa de lo ocurrido que nos parece preocupante de cara al que será próximo encuentro de Sánchez con Merkel, en cuya agenda sin duda va a estar la cuestión de la extradición de Puigdemont, y donde cabe temer que Sánchez pida a la fiscalía española que rebaje el nivel de los delitos por los que Puigdemont está procesado y por los que se solicita su entrega a España.

Y si eso ocurriera, en aras de la ‘normalidad’ de Sánchez, lo normal también sería que en toda España se produjera una enorme y justificada indignación.

Porque no es normal que Sánchez incumpla en pocos días su promesa de adelantar las elecciones, ni es normal que se cese por decreto el Consejo de RTVE, pero siendo todo esto anormal mucho más grave sería y es que este Presidente intente desde La Moncloa violentar la Justicia y la legalidad en el favor de los principales autores del golpe de Estado catalán.

Porque eso sería subvertir el orden constitucional y poner en peligro ni más ni menos que la unidad de España. De manera que mucho cuidado, señor Sánchez, con los juegos malabares y de palabras en todo lo relativo a ese personaje al que él mismo tildó de fascista y que se llama Quim Torra. Y que muy atento a todo esto esté el ministro de Exteriores Josep Borrell quien muy bien conoce el problema catalán y el riesgo que implica bajar la guardia y dar pasos hacia atrás, camino de la llamada ‘España plurinacional’.