Trump y Kim firman la paz en el circo de Singapur

Acaba Trump de destrozar la Cumbre del G-7 en Canadá tras la que insultó al presidente canadiense Trudeau y donde volvió a enfrentarse con Merkel y la Unión Europea, y ahora tenemos al presidente americano Donald Trump haciendo las paces con el líder norcoreano Kim Jong-un a quien hace poco llamaba el ‘hombre cohete’ mientras ambos se amenazaban con un mutuo ataque nuclear.

Al fondo de todo ello la sonrisa del presidente ruso Vladimir Putin que es el hombre que tiene en su poder los secretos más peligrosos de Trump y que está encantado de ver la ruptura de Trump con la Unión Europea y la salida de Gran Bretaña de la UE (donde colaboró su servicio de desinformación) mientras se pavonea en Moscú con el esperado inicio del Mundial de fútbol.

Los orientales son expertos aficionados a los fuegos de artificio y Trump también lo es porque con ellos pretende y consigue -por ahora- distraer a la opinión pública de su país y retrasar las investigaciones que le afectan sobre el ‘Rusiagate’. Aunque lo que debería de investigar el Congreso de los EEUU es la salud mental de su presidente, porque la locura o enajenación aunque sea temporal son motivos suficientes para su destitución.

En Corea del Norte, donde el jovencito Kim Jong-un gobierna con mano de hierro y criminal, Trump se inventó el riesgo de una guerra nuclear cuando en realidad lo que existe en ese país asiático es una precariedad infinita que afecta incluso a la escasez de alimentos y medicinas y a un retraso industrial y tecnológico monumental frente a sus vecinos de China y Corea del Sur.

Y esa ha sido la estrategia de Kim, la de inflar el tamaño de sus misiles y de su armamento nuclear para finalmente cambiar su desarme por dinero y el fin de las sanciones comerciales que estrangulaban la economía del país.

Y Trump ha encontrado en la crisis coreana una oportunidad para ponerse medallas, impresionar a ‘la América profunda’ y rural de su país, rellenar mañana, tarde y noche los informativos de la Fox TV, y sustituir el serio prestigio de la política americana por un circo ambulante a golpes de tuits.

Un espectáculo con el que Trump, enfrentado al medio mundo democrático y cariñoso con chinos, rusos y norcoreanos, pretende ganar las elecciones legislativas del otoño en USA ocultando el debate político con el ruido de sus fanfarrias internacionales y sus fanfarronadas personales.

Un Trump, en definitiva, que ha triunfado en Singapur con su nuevo amigo Kim Jong-un, a quien ha invitado a visitar La Casa Blanca. Esa mansión en la que habita el presidente (también cohete y obseso de las hamburguesas) del ¡América primero!

El lugar que muy pronto recibirá a los Reyes de España en visita oficial y en compañía del ministro de Exteriores Josep Borrell. Un europeísta que tendrá la oportunidad de conocer y ver ‘en su salsa’ a este personaje asombroso y peligroso que está revolucionando la política americana e internacional y el poniendo en riesgo la estabilidad del comercio mundial.