Rajoy el ‘perdonavidas’ del PP

Como si nunca hubiera roto un plato ni un vaso (‘los platos son los platos y los vasos son los vasos’ decía) el todavía presidente del PP Mariano Rajoy con un asombroso desparpajo político pronunció ante la sumisa y muda Junta Directiva Nacional de su partido su segundo discurso de despedida del partido (el primero lo hizo ante la Ejecutiva) y, como haciéndole un inmenso favor a los suyos, declaró que no intervendrá en el proceso de su sucesión y de elección del nuevo líder del PP que culminará en el Congreso de los días 20 y 21 de julio.

Y dijo Rajoy para adornar su alarde de neutralidad: ‘no tengo sucesores ni delfines’. En realidad debió ser un poco más preciso y haber dicho: ‘no tengo sucesores porque me los he cargado a todos, ni delfines porque me los he comido’. Y si los tuviera y los hubiera promocionado, como José María Aznar hizo con él, en ese caso su candidata habría sido Soraya S. Santamaría y el PP muy probablemente habría votado a Feijóo, huyendo de la mala sombra y la herencia de Rajoy.

El que deja tras de sí un partido hundido en un enorme pantano de corrupción (la charca de las ranas de Aguirre es solo una parte) como se aprecia en la expresa condena al PP en la sentencia del Gürtel valenciano, con la confesión incluida del ex secretario general Ricardo Costa y con el ex presidente Francisco Camps de ‘convidado de piedra’ en semejante fraude electoral.

Si a todo esto de la corrupción, que Rajoy tapó o amparó, añadimos su desastrosa gestión de la política catalana (de donde prácticamente ha desaparecido el PP), su autoritarismo proverbial y su espantada de la moción de censura y regalo del Poder a Pedro Sánchez el pasado 1 de junio, dejando a su Gobierno, altos cargos y partido a la intemperie, si sumamos todo esto y algunas o muchas cosas más del enorme debe de Rajoy (la mejora económica está en su haber) veremos que Rajoy debía de haber hecho ‘mutis por el foro’ y desaparecido de la sede y de las reuniones del PP desde el pasado 1 de junio.

Además todos saben que si fracasa Santamaría su siguiente opción es Feijóo. El Presidente de Galicia y ese señor de provincias mayorcito para lo que se lleva en la España de Sánchez, Iglesias y Rivera. Y otro gallego más como Fraga, Calvo Sotelo, Rajoy y Franco (‘impera en España un fresco general procedente de Galicia’, tituló La Codorniz tiempo atrás y aquel régimen la cerró).

El mismo Feijóo que hace años se hizo unas fotos temerarias en el yate del narco Marcial Dorado. Lo que, de confirmarse la llegada de Feijóo a Madrid, le ofrecerá a Pablo Iglesias y a otros artistas de la política buenas oportunidades para interpretar el pasodoble de Marcial Lalanda (‘Marcial, eres el más grande…’) y disertar sobre las amistades peligrosas del pretendiente al liderazgo del PP. El que por lo que vemos nunca escuchó la frase que se atribuye al más grande Emperador de Roma: ‘la mujer del Cesar debe ser honesta y parecerlo’.

En todo caso sabemos que la máxima preocupación y la procesión del silencio viaja por dentro de muchos dirigentes y militantes honrados y devotos del PP que ahora deja Rajoy mucho peor de como se lo entregó Aznar.

Y sumido en la incertidumbre electoral y en el todavía largo recorrido judicial que les espera en los tribunales (con la doble contabilidad, el ordenador destruido, más casos valencianos, Nóos, y mallorquines, el asunto murciano, Canal de Isabel II, Lezo, Púnicas, etc) y con sus sentencias condenatorias que sin duda llegarán a las manos del sucesor de Rajoy y en el tiempo electoral.