Vuelco político: sube Sánchez y baja Rivera

La política española ha tomado una inusitada velocidad tras la caída de Rajoy y la llegada de Sánchez al Poder. Las primeras encuestas ponen al PSOE en cabeza, seguido de PP, hacen retroceder a Cs al tercer lugar y dejan a Podemos en el cuarto lugar. El vuelco político está aquí pero es pronto para un pronóstico certero porque muchas cosas van a cambiar, empezando por el liderazgo del Partido Popular que hoy reúne a su Junta Directiva Nacional.

Está Aznar muy preocupado por la pérdida y la fractura del centro derecha español que muchos años estuvo controlado por el PP, hasta que en 2015 y 2016 Ciudadanos irrumpió con fuerza y por el centro en el Parlamento. En ese espacio donde ya había abierto una brecha UPyD hasta que Rosa Díez en un ataque se soberbia la cerró para entregar el testigo a Albert Rivera que sí ocupó con fuerza y destreza ese lugar.

En ese mismo tiempo Podemos irrumpía en el centro izquierda que durante años había dominado el PSOE. A partir de ahí, como se vio en los comicios de 2015 y 2016, el bipartidismo se desfondó y abrió un tiempo nuevo donde las formaciones emergentes de Albert Rivera y Pablo Iglesias imponían un modelo inédito en la política, para convertir el tradicional juego entre dos del bipartidismo en una partida de dobles jugadores con PP y Cs en la derecha y PSOE y Podemos en la izquierda.

Pero he aquí que dos sorprendentes acontecimientos han sacudido el imaginario tablero de ajedrez español y provocado un vuelco político. El primero fue el desafío catalán donde un timorato Rajoy ofreció a Cs (y a su asombrosa líder Inés Arrimadas) la oportunidad convertirse en la primera fuerza política de Cataluña, destrozando al PP y asumiendo en Cataluña el liderazgo único del centro derecha (tras la desaparición del catalanismo moderado de CiU por la corrupción y su demencial deriva secesionista).

Un vuelco catalán que lanzó a Cs en España que, unido a la corrupción del PP, dio pie al segundo de los inesperados y recientes acontecimientos: la expulsión de Mariano Rajoy del poder tras ser derrotado en la moción de censura que por la corrupción le presentó Pedro Sánchez con audacia y sentido de la oportunidad. Un episodio donde Rajoy se ofuscó, no dimitió para intentar nuevas elecciones y le regaló a Sánchez el poder.

Un fiasco que una derecha ingenua pretende justificar como un audaz gambito (jugada estratégica del ajedrez donde se sacrifica una pieza para ganar la partida) para frenar a Cs y recuperar el bipartidismo, lo que no es tan fácil y está por ver. Para empezar las fichas del PSOE ya han ocupado el centro del tablero y, tras nombrar Sánchez un buen gobierno, su liderazgo creció como la espuma y tomó desprevenidos a Cs y Podemos, mientras el PP entraba en una profunda crisis para recomponer su proyecto y liderazgo.

Y esta nueva situación, según las primeras encuestas y una cierta lógica, ofrecen al PSOE un importante salto hacia delante, confirman la caída del PP y frenan y desinflan el ascenso de Cs, mientras dejan a Podemos en la cola del pelotón, una vez que Iglesias dio a Sánchez un cheque en blanco y el título de líder nacional y de la izquierda. Lo que para Podemos se puede convertir en una pesadilla a nada que desde el gobierno de Sánchez se ponga en marcha una intensa agenda social.

El vuelco político se está produciendo pero nada está escrito sobre lo que va a suceder de aquí a las próximas elecciones y ni mucho menos el regreso del bipartidismo. Aunque siempre habrá un partido liderando la izquierda que ahora es el PSOE (y que tiene su talón de Aquiles en Cataluña), y otro en el centro derecha que hasta hace poco era Cs y al que los errores tácticos de Rivera lo han hecho retroceder, mientras Iglesias no oculta su decepción y enfado con Sánchez y estamos a la espera de ver qué ocurre en el PP. Y no solo en el interior del partido sino en los muchos juicios que se refieren a su corrupción. La sentencia del Gürtel de Valencia está semana puede caer.