Sánchez y su ‘Oposición Frankenstein’

Mal empieza Pedro Sánchez haciendo regalos a Quim Torra y colocando la crisis de Cataluña como la prioridad de su Gobierno. Hasta el punto incluso de anunciar, por boca de su ministra Territorial, Meritxell Batet, la petición de una reforma ‘urgente, viable y deseable’ de la Constitución para ofrecer al nacionalismo separatista catalán nuevas concesiones a ver si aceptan un nuevo marco constitucional. 

Si Batet habla por encargo de Sánchez pues muy mal. Y si habla por su cuenta pues mucho peor, porque todo lo que dice y anuncia es mentira dado que: no existe en España una mayoría que desea reformar la Constitución; no es viable porque se oponen PP y Cs; y no se conoce urgencia alguna que lo justifique. 

De manera que entre Sánchez, que le quitó el control del gasto catalán, y Batet, que acaba de abrir la caja de los truenos Constitucional, mal van y mal arrancan en el gobierno feminista del PSOE. El que ya le ha dado alas a la nueva oposición, donde el PP y Cs por la derecha y Podemos por la izquierda le van a proporcionar quebraderos de cabeza a Sánchez. 

El que tampoco logrará pactar con los soberanistas catalanes que son insaciables y acabarán por romper esta breve y aparente luna de miel con el PSOE y el PSC. Con lo que Sánchez se quedará aislado en su Gobierno monocolor frente a una Oposición Frankenstein, que buscará elecciones inmediatas y que irá a por él. 

El sector anti capitalista de Podemos ya ha definido el Gobierno de Pedro Sánchez como de ‘extremo centro’ y puede que acierte si este Gabinete bien armado de personas aparentemente preparadas (algunos ya están dando el cante) y que se ubica en un centro progresista, modernizador y europeista. El mismo espacio por donde el presidente de Francia Emmanuel Macron transitó para hacerse con la presidencia de su país.

El sitio, aunque escorado al centro derecha, que pretendía ocupar Albert Rivera hasta que Mariano Rajoy decidió regalar el poder a Pedro Sánchez, mientras Cs desconcertados por la moción de censura y la no dimisión de Rajoy quedaban atrapados e inmersos en la nueva y diversa Oposición.

Oposición donde el PP, descabezado y en espera de su nuevo liderazgo, pretende armar un discurso duro y firme contra Sánchez, y donde Pablo Iglesias anuncia un severo control del Ejecutivo al tiempo que acusa a Sánchez de olvidarlos a la hora de formar el Gobierno (sin nadie afín a Podemos) y a pesar que sus votos fueron definitivos para la moción de censura contra Rajoy. 

Aunque es más cierto que quien dio el poder a Sánchez no fue Iglesias sino Rajoy por no dimitir antes de la votación. De haber dimitido Rajoy la moción se habría suspendido y entonces el Rey Felipe VI había iniciado consultas con los líderes parlamentarios para poner en marcha la nueva investidura. Y, en caso de no hallar candidato con mayoría suficiente, se disolverían las Cortes y habría elecciones generales.

Y está claro que no es lo mismo (para Podemos, PDeCAT, ERC y Bildu) votar a favor de una moción de censura contra Rajoy y la corrupción del PP y sin poner condiciones a Pedro Sánchez, que apoyar una investidura de Sánchez en la que tanto Iglesias como Rivera habían exigido un programa pactado y presencia en el Gobierno (como ocurrió en la fallida investidura de Sánchez en marzo de 2016). 

Mientras que los soberanistas catalanes de PDeCAT y ERC le habrían exigido a Sánchez imposibles concesiones (no aceptables por el PSOE) y habrían optado por provocar una España sin Gobierno camino de nuevas elecciones generales y co largo periodo de vacío de poder en el Estado.

Al final y gracias a Rajoy, Sánchez se alzó con el poder en solitario y sin ataduras ni condiciones previas de los partidos que votaron a favor de su moción. Y al final PP, Podemos y Cs pasaron en compañía de los partidos soberanistas a integrarse en una, mire usted por donde, plural y verdadera ‘Oposición Frankenstein’.