Rajoy tira el poder por la ventana y deja el liderazgo del PP

Van a hacer falta unos cuantos analistas políticos y unos tantos psiquiatras para investigar qué acontecimientos misteriosos, o qué clase de demencia ha conducido a Mariano Rajoy a tirar el poder por la ventana a las manos de Pedro Sánchez, para luego dimitir de la Presidencia del PP dejando en una inesperada y cruel intemperie a su Gobierno y los dirigentes de su partido.

Esto que estamos diciendo, y que tiene sorprendida a más de media España, ha ocurrido en los últimos 15 días tras la aprobación de los Presupuestos de 2018, la aparición de la sentencia de Gürtel y la moción de censura que Pedro Sánchez presentó el pasado 25 de mayo en el Congreso, con buen olfato y sentido de la oportunidad.

Y probablemente sin imaginar ni conocer el líder del PSOE el desastroso estado de ánimo que embargaba a Rajoy, no sabemos bien por qué. Salvo que algún ‘alma caritativa’ le hubiera mostrado el famoso y amenazante vídeo de Bárcenas contra él que lo implicaba en Gürtel, del que se habló días atrás.

O sea Mariano Rajoy fue expulsado de la Moncloa con una constitucional y legítima moción de censura y acusado de responsabilidad en la corrupción del PP. Y, ya fuera del poder por propia iniciativa o incompetencia, acaba de dejar la presidencia del PP. E hizo bien porque como el mismo explicó su marcha era ‘buena para él, para el PP y para España’. Y así se va Rajoy y así asume así la responsabilidad de su fracaso en la moción de censura y las responsabilidades políticas de la corrupción del PP.

Rajoy estaba cansado, agotado tras los intensos acontecimientos que, en un abrir y cerrar de ojos, lo habían sacado de La Moncloa con la moción de censura presentada por Sánchez el 25 de mayo. Solo dos días después de que hubiera logrado la aprobación de los Presupuestos Generales de 2018, que les garantizaban a Rajoy a al PP la estabilidad hasta mediados de 2020.

Pero su final (que cantaban las encuestas para el PP) se aceleró de manera inesperada y vertiginosa por un cúmulo de adversidades en cadena en solo 15 días. Como si hubiera caído en los últimos obstáculos de una imaginaria carrera de 110 metros vallas en la que sufrió: la amenaza de Bárcenas de revelar más pruebas de la corrupción del PP; la dura negociación de los Presupuestos con PNV y Cs; la sentencia de Gürtel; la moción de censura; y la ‘traición’ del PNV que rompía el marco de su estabilidad política.

Pudo Rajoy, tras aprobar de los Presupuestos de 2018 y sabedor ya de la sentencia de Gürtel, haber disuelto las Cortes la tarde del 23 de mayo para convocar elecciones. Lo mismo pudo haber hecho el del día 24, cuando se hablaba de la moción de censura de Sánchez, y en las primeras horas del día 25 hasta las 10 de la mañana, momento en el que el PSOE registró la moción de censura en el Congreso.

Pero Rajoy no se movió ni disolvió las Cortes, parecía paralizado. Y ese mismo gesto lo repitió a partir del anuncio oficial de la moción de censura, momento en el que Rajoy pudo haber dimitido para bloquear la moción y abrir así el proceso de investidura de un nuevo Presidente del Gobierno, o en su caso llegar a elecciones anticipadas. Pero Rajoy tampoco se movió y fue a partir de ese momento cuando se derrumbó, convencido del triunfo de la moción de censura, y decidido a poner punto final a su carrera política.

Su larga comida y sobremesa con copas hasta el anochecer en compañía de su equipo íntimo de Gobierno, y dejando vacío su escaño en el banco azul -mientras continuaba el debate de censura- fue señal inequívoca de un Rajoy  hundido y decidido a marcharse. Lo que hizo con cierta dignidad como se vio en el Congreso y (con lágrimas en los ojos) en la Ejecutiva del PP.

Así después de 37 años de actividad política Rajoy se va y deja tras de sí un importante legado y quehacer por más que en los últimos años y como Presidente del Gobierno y del PP sus luces de buena gestión y recuperación económica de España se mezclaron con las sombras de la corrupción y la mala gestión de la crisis catalana en la que falló. Sobre todo al no imponer en Cataluña el artículo 155 el 7 de septiembre de 2017, cuando se inició en el Parlament la ruptura del orden constitucional, como lo denunció el rey Felipe VI el 3 de octubre.

Tiempo habrá de repasar la obra y el legado de Mariano Rajoy, y veremos qué ocurre en los próximos meses en el PP, quién asciende a su liderazgo y hasta dónde llega su regeneración y renovación. Pero ahora en el tiempo de su despedida y culminada su larga travesía no acabamos de entender cuáles han sido las claves y verdaderos motivos del suicidio político de Rajoy.