El día que Rivera perdió la cabeza

El pasado 24 de mayo nada más hacerse pública la sentencia de Gürtel, que se ha convertido en el sudario de Rajoy, el líder de Cs Albert Rivera tuvo en sus manos un arma poderosa que lo podía haber llevado a La Moncloa en tan solo unos pocos meses.

Pero Rivera es un pésimo estratega y no entendió lo que estaba pasando (el fin de Rajoy), ni lo que iba a pasar (el triunfo de Sánchez). Por eso Rivera no tomó la única decisión que ese día 24 debió tomar: la de decir a Rajoy que disolviera inmediatamente las Cortes para convocar elecciones, y que si no lo hacía Cs se sumaría sin condiciones a cualquier moción de censura para derribar a Rajoy por corrupción en el Congreso de los Diputados.

Esa petición y esa advertencia de Rivera a Rajoy, que deberían ser públicas,  habrían sacudido los cimientos del PP y de La Moncloa y habrían sacado a Rajoy de su soberbia y ceguera en el momento que Pablo Iglesias acababa de pedir a Pedro Sánchez que presentara la moción de censura. La que el líder de los socialistas estaba preparando en secreto para dar ese paso en la mañana del día 25 antes de reunirse con su Ejecutiva, evitando que Rajoy se le pudiera adelantar con la disolución de las Cortes.

Rivera perdió el tren hacia La Moncloa y Rajoy perdió el poder porque debió haber disuelto las Cortes, sin peticiones ni advertencias de nadie, a últimas horas del día 23, con los Presupuestos de 2018 aprobados y antes de que, al día siguiente, se publicara la sentencia de Gürtel. La que él conocía desde hacía una semana y la había ocultado a Cs y PNV para que no retiraran sus votos a favor de los Presupuestos.

Precisamente esa burdo truco de Rajoy de ocultar la sentencia (y también las maniobras de Lesmes en el Poder Judicial para favorecer a Bárcenas) eran argumentos añadidos para que Rivera -que no las vio venir- le hubiera exigido a Rajoy el día 24 la disolución inmediata de las Cortes camino de nuevas elecciones y anunciado, en caso de negativa de Rajoy, el apoyo de Cs a la moción de censura que pedía Iglesias y que Sánchez preparaba con sigilo.

Dirá alguien que ahora, a toro pasado, es muy fácil ver así lo ocurrido. Pero cierto es que ese mismo día 24 en estas páginas le pedimos a Rivera que se tomara en serio el adelanto electoral tras la sentencia de Gürtel pero con la amenaza incluida de apoya sin condiciones la moción de censura porque sin la amenaza el don Tancredo de la Moncloa no se iba a mover.

Pero Rivera no hizo lo que debió, perdió una oportunidad de oro y para colmo acabó votando a favor de la corrupción de Rajoy. Lo que fue otro error añadido imposible de explicar de manera justa y razonable, porque sus excusas posteriores diciendo que ellos no podían ir con los populistas y los nacionalistas era un simple cuento chino propio de un partido ultra en una campaña electoral. Además ¿no acababa Cs de votar los Presupuestos de Rajoy de la mano del PNV?

Meses llevan Rivera y su partido dando palos de ciego en política nacional sin entender que las cosas son mucho más sencillas de lo que parece y sin tener en la dirección de Cs algún estratega con vista y sentido común que los pueda asesorar.

Al final Cs linchó a Cifuentes por un máster irregular y apoyó la corrupción de Rajoy. Y Rivera, envuelto en la bandera nacional y completamente fuera de juego, terminaba en el Congreso su discurso diciendo: ‘ahora me voy a dirigir a todos los españoles…’, ¡Vaya por Dios! Y todo esto mientras Rajoy se tomaba unas copas en un restaurante de Madrid, y mientras el equipo de Sánchez ya empezaba a dibujar el equipo de Gobierno que esta semana se conocerá.