Sánchez, Presidente

Ahora con el nombramiento de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno de España, y la salida del palacio de La Moncloa de Mariano Rajoy se puede decir que hemos asistido al fin del bipartidismo y del Régimen de la Transición.

Empieza así una nueva etapa en la política española en la que se han consolidado como dos nuevos partidos Podemos y Ciudadanos. Y en la que Pedro Sánchez tiene un difícil reto de gobernabilidad de aquí a las elecciones generales de 2020, si es que no se ve obligado a un adelanto electoral dada la débil posición de su Gobierno (con solo 85 diputados) y las muy complejas y contradictorias alianzas del PSOE con Podemos y los partidos nacionalistas que lo han aupado al poder.

Habrá que dar un tiempo de respeto al nuevo presidente. Un Sánchez que ha demostrado ser un duro e implacable corredor de fondo tanto en la política nacional como en el interior de su partido, el PSOE, de donde fue derribado de mala manera en el Comité Federal del 1 de Octubre de 2016, y donde Felipe González, Susana Díaz y otras fuerzas fácticas (el diario El País y buena parte del poder económico) echaron a Sánchez de la secretaría general y fraguaron la investidura de Rajoy, en espera de que Susana Díaz se convirtiera en la líder del PSOE.

Pero Pedro Sánchez, con la tenacidad de ‘el renacido’, no abandonó la lucha por el poder, dimitió de su escaño en el Congreso y dio y ganó la batalla de las primarias del PSOE, dejando a Díaz fuera de combate y liderando un giro a la izquierda del PSOE en firme competencia con Pablo Iglesias y Podemos. Y por supuesto también con Rajoy y con el PP, a los que Sánchez apoyó en la defensa de la unidad nacional y en la aplicación del artículo 155 en Cataluña.

Rajoy fue implacable con Sánchez diciéndole con dureza (como se lo dijo el jueves en el debate de la moción de censura) que nunca ganaría unas elecciones ni llegaría a la presidencia del Gobierno. Pero Rajoy se equivocó y Sánchez con su paciencia infinita y cazando desprevenido al núcleo conservador del PSOE con la presentación urgente de la moción de censura dio la batalla, pactó con Iglesias y los nacionalistas y ganó.

Y ahora Sánchez se dispone a presidir un gobierno del PSOE (en el que Iglesias quiere estar, ‘no lo descarto’ nos dijo ayer en los pasillos del Congreso) y a gestionar los Presupuestos de corte conservador del PP sobre los que el líder de Podemos declaró en respuesta a Rajoy: ‘nos los comeremos con patatas, pero sin corruptos sentados en la mesa’.

Lo que si hará Sánchez es poner en marcha medidas sociales tanto en las pensiones como en salario mínimo y la reforma laboral, y aguantar todo lo que pueda en el Gobierno abriendo nuevas vías de diálogo con Cataluña y el País Vasco.

A sabiendas Sánchez que, en el caso de bloqueo político y cuando más convenga al PSOE, él siempre podrá apretar el botón de la disolución de las Cortes y del adelanto electoral.

Lo mismo que pudo haber hecho Rajoy el pasado día 24 de mayo nada más aprobar los Presupuestos de 2018 y conocerse la dura sentencia de Gürtel, lo que le habría permitido continuar unos meses más en el poder e incluso, nunca se sabrá, lograr una nueva victoria electoral.

Pero una vez más Rajoy no hizo nada y dejó en manos del tiempo la solución. Pero esta vez se equivocó y el propio tiempo y el tren de la Historia, en cuya locomotora se había subido Sánchez con audacia y oportunidad, lo arroyó. Y este lunes Pedro Sánchez será Presidente del Gobierno español.