Gürtel: moción de censura o adelanto electoral

Los líderes de la Oposición al Gobierno de Mariano Rajoy nunca hacen lo que deberían en una Democracia y en defensa de los intereses generales de país. Pero ahora tienen que pasar a la acción tras la impresionante sentencia de Gürtel hecha pública por la Audiencia Nacional donde se condena al PP y a los máximos dirigentes de la trama de corrupción, entre los que figura Luis Bárcenas, el tesorero del PP nombrado por Rajoy (‘Luis se fuerte’ dijo Rajoy en un SMS tras conocerse que tenía 50 millones de euros en Suiza).

Y todo ello con responsabilidad civil para el PP, reconocimiento de la doble contabilidad del partido y de las comisiones por concesiones públicas de gobernantes del PP para el pago de campañas electorales. Lo que echa por tierra el discurso de los ‘casos aislados’ de Maillo y Rajoy, y deja claro que Rajoy lo sabía todo: lo de Valencia, Madrid y  Baleares y la sede central del PP.

Y ante este bochornoso espectáculo nacional solo caben dos salidas: que Rajoy se lance a tumba abierta (y nunca mejor dicho lo de la tumba) a unas elecciones anticipadas inmediatas; o que Pedro Sánchez presente ya y con urgencia, como es su obligación, una moción de censura contra Rajoy en el Congreso de los Diputados al margen de lo que decidan Pablo Iglesias y Albert Rivera.

No puede ser que el PSOE haya presentado una moción de censura en la Comunidad de Madrid contra Cristina Cifuentes por un máster irregular y dos botes de crema y que ahora no haga lo mismo contra Rajoy a la vista de la grave sentencia de Gürtel.

Y que se cuide Rivera de ponerse de perfil en esa encrucijada porque el miércoles, y de la mano del PNV soberanista le aprobó los Presupuestos de 2018 a Rajoy, a sabiendas que tras esa mano de cal aparecería el turno de la arena de la sentencia de Gürtel cuyo contenido Rivera imaginaba y no se había hecho público antes porque lo impidió el Gobierno para evitar que interfiriera en la votación de los Presupuestos.

Que se ande con cuidado Rivera porque miente y hace trampas con mucha facilidad mientras se envuelve en la bandera nacional. Porque Albert ya se tragó el voto delegado de Comin y Puigdemont y se puso muchas medallas en él linchamiento de Cifuentes pero ante Rajoy se suele humillar con mucha facilidad.

Y algo parecido se le puede decir al dueño del chalé de Galapagar Pablo Iglesias que ya salvó a Rajoy el 4 de marzo de 2016 obligando a Podemos a votar en contra de la investidura de Sánchez. Y que si vuelve a plantear la cantinela de la vicepresidencia todopoderosa como la otra vez habrá que nombrarle mayordomo del gran chalé de la Moncloa donde habita Rajoy.

De manera que ya veremos que hace el cuarteto político español. Rajoy no tiene más salida (a pesar que los Presupuestos de 2018 le permiten en teoría permanecer en Moncloa hasta 2020) que adelantar ya las elecciones antes de que Sánchez presente la moción de censura.

Porque si Rajoy no convoca elecciones y además prospera la censura y lo echarán de Moncloa y Sánchez pondrá a trabajar a la Fiscalía contra la corrupción del PP y Rajoy podrá volver a ser citado ante los tribunales, una situación que le causa estupor. Máxime si Bárcenas (a quien la Audiencia Nacional ha condenado a 33 años de cárcel, y a otros 15 años a su esposa Rosalía) cumple su amenaza y cuenta todo lo que sabe sobre el PP.

Y la misma urgencia debe tener Sánchez para presentar en el Congreso la moción de censura antes de que Rajoy disuelva las Cortes y convoque unas  elecciones inmediatas que podría ganar el centro derecha PP-Cs al menos en escaños. Y además porque está ocasión puede ser la segunda y última oportunidad de Sánchez de llegar a presidente del Gobierno, al menos de aquí al final de la legislatura aunque tenga que gobernar con Presupuestos del PP, con los que él podría primar el gasto social.

Estamos en una encrucijada crucial y el tiempo apremia y obliga a Sánchez y  a Rajoy a tomar una decisión. Cabe una tercera y casi imposible opción: que Rajoy dimita y le ofrezca a C´s, PNV y los canarios la presidencia de Feijóo. Pero parece demasiado tarde para articular semejante operación. Además Rajoy no se irá quiere morir con las botas puestas y ahora podría tener esa oportunidad.