Bochorno en Bélgica

La Justicia belga ha rechazado la extradición de los tres prófugos que se fueron a la capital de Bélgica con Puigdemont (los Comín y compañía) con el argumento de que la euroorden de extradición planteada por España estaba mal redactada, al no incluir documento alguno que acreditara que en contra de dichos prófugos existía en España una orden de caza y captura.

El júbilo de los golpistas ha sido espectacular y casi tan grande como el ridículo de la Justicia española. La que ha cometido errores de bulto en esto y en no haber incluido en las euroórdenes más delitos que los de rebelión y malversación. Cuando debían de haber añadido la sedición, la conspiración y desobediencia.

En todo caso veremos quién ríe el último pero está visto que los ministros españoles de Justicia, Interior y Exteriores, Catalá, Zoido y Dastis son unos aficionados de la política y en todo esto del golpe catalán van de error en error.

Porque este Gobierno empezó fallando al no aplicar el 155 en Cataluña cuando debió el pasado 7 de septiembre, perdió la batalla informativa en Cataluña y Europa, falló estrepitosamente en la intendencia y aposentos de las Fuerzas de Seguridad desplegadas en Cataluña durante el referéndum,  y ahora fracasan frente a los prófugos en la acción judicial.

Lo que esperamos que se pueda rectificar al mismo tiempo que, como ahora lo reconoce Pedro Sánchez, se reforma contra el golpismo el Código Penal y se plantean ante la UE medidas políticas y judiciales para evitar que casos como los que ahora estamos viviendo en Bélgica y Alemania no se vuelvan a repetir.

En todo caso a los golpistas les llegará su hora porque la Justicia puede ser lenta y torpe en la fase de instrucción, pero durante el juicio y la redacción de la sentencia dejará oír con claridad su firme voz.

De manera que hay que rectificar y esperar. Y además ya sabemos que a  Rajoy lo de cambiar ministros le produce un cansancio agotador. Pero lo malo de esta manifiesta incompetencia ministerial es que es España, y no solo el Gobierno de Rajoy, quien hace el ridículo y paga las consecuencias de estos graves errores que provocan la euforia de los golpistas, y que no se deben repetir y hay que rectificar.