Justicia, justicieros y poder judicial

Algunos dirigentes y gobernantes dicen que se está judicializando la vida política. Es más bien al revés, se está politizando la Justicia como lo prueba el lamentable comentario y agresión del ministro de Justicia Rafael Catalá contra el magistrado Ricardo González que se opuso a la condena de esa ‘manada’ de delincuentes, en la sentencia del caso donde la mayoría del Tribunal les impuso una condena de 9 años de cárcel por ‘abusos sexuales continuados’, pero no por violación continuada, como parecía más justo.

Lo que ha levantado una oleada de protestas en todo el país y algunas de ellas, como la del ministro Catalán, con olor a ‘linchamiento’ judicial y con rumbo al peligroso sendero de la ‘Justicia popular’ o ‘del pueblo justiciero’ como advertía en estas páginas con nuestro ilustre colaborador José Luis Manzanares.

Cuidado con el ‘pueblo justiciero’ y enfurecido y en caliente porque puede acabar en el descontrol y la barbarie. Lo hemos visto en muchos casos de alta tensión política y judicial como con ‘la doctrina Parot’, y ahora con el delito de ‘rebelión’ en el golpe catalán, o mezclando en el final de ETA a la política penitenciaria. Y de una manera virulenta y flagrante en la sentencia de ‘la manada’.

Pero si el ministro de Justicia Catalá echa aceite al fuego pues todavía peor y más excitación de quienes, aparentemente, querrían llevar al magistrado disidente de la sentencia de ‘la manada’ a ‘El árbol del ahorcado’. Y todavía dice Catalá que conviene tranquilizar los ánimos cuando lo que tendría que hacer el ministro es dimitir siguiendo los consejos de todas las Asociaciones de Jueces y Fiscales del país.

Pero da la impresión que Catalá ha salido en tromba para desviar la atención política y mediática que estaba centrada en Cifuentes, en el PP de Madrid y en las oscuras maniobras de Rajoy para que el PNV y C´s aprueben lo antes posible los Presupuestos de 2018.

Decía hace poco el dirigente de C´s José Manuel Villegas que Catalá había dañado con sus palabras la división de poderes del Estado, lo que prueba que en C´s todavía no se han enterado que en España la división de poderes es sólo de ‘funciones’ pero no política ni efectiva.

En contra de lo dijo hace tiempo Alfonso Guerra, Montesquieu no murió en España tras la reforma del Poder Judicial que hizo Felipe González para someterlo al bipartidismo mayoritario. La verdad es que Montesquieu nunca estuvo presente en la transición española porque en este país, hasta ahora, el que ganaba las elecciones se quedaba con todo.

Pero al margen de sus limitaciones una buena parte de la Justicia española está actuando con criterios de independencia y responsabilidad a pesar de las intromisiones constantes del poder Ejecutivo y las presiones populistas a las que se ha sumado, para desviar la atención, el ministro Catalá. Es cierto que en la Justicia puede haber errores y decisiones injustas o sometidas al poder político (como ha ocurrido en la Fiscalía y con la corrupción). Pero esa no suele ser la norma general ni la mayoritaria más bien al contrario y en una mayoría de casos la Justicia suele acertar.