Rivera disimula pero colabora con el PNV

Se escandaliza Albert Rivera de la petición del lehendakari Iñigo Urkullu al presidente Mariano Rajoy para que conceda y transfiera al País Vasco el control de la Seguridad Social diciendo el líder de Cs harto de razón: ‘ya basta de insolidaridad y privilegios’.

Dice Rivera y dice bien pero diría mejor si de una vez deja de dar apoyo a Rajoy, el presidente de las corrupciones variadas del PP, el que huyó de sus responsabilidades españolas en Cataluña y el que pretende llegar a 2020 sentado en la cúpula del poder trampeando a la desesperada por aquí y por allá (si tiene que decapitar a Cifuentes lo hará) además de ofrecer toda  clase de regalos al nuevo soberanismo vasco recién instalado el PNV y el gobierno de Vitoria.

Y todo ello mientras Urkullu reclama el derecho de autodeterminación para su pretendido nuevo Estatuto y alardea de deslealtad constitucional cuando exige que se retire el artículo 155 de la Constitución de Cataluña o acusa a España, como hizo el jefe del PNV Ortuzar en el ‘Aberri Eguna’, de ‘tener presos políticos’ en relación con los golpistas catalanes.

Y ¿con esta tropa desleal y anti española de Urkullu irá Rivera de la mano para votar conjuntamente los Presupuestos de 2018 cuando se apague el 155 de Cataluña? Y todo ello en medio de un sinfín de favores y regalos (públicos y ocultos) del Gobierno de Rajoy al de Urkullu como el nuevo Cupo y fondos para infraestructuras, en franca discriminación con el resto de regiones de España y mientras en el Ejecutivo de Vitoria se pide más y más como la Seguridad Social y en el PNV se acogen como héroes a los dirigentes del golpe de Estado catalán.

Creímos que ‘el domador de los tiempos’ en la política española era Rajoy subido, lívido e impávido, en el cajón del Don Tancredo que ubicado está en el centro del Ruedo Ibérico. Pero empezamos a tener la impresión de que Albert Rivera, que levita con el horizonte de victoria electoral que le anuncian las fanfarrias y timbales de las encuestas, le ha tomado el gusto al reloj de arena y no cesa de darle vueltas (como Penélope al telar) para no enfrentase de una vez por todas con Rajoy.

Por ello a Rivera, que por fin ha dibujado una línea roja en presos de ETA  y en la Seguridad Social vasca, no le produce ningún resquemor político acudir de la mano de Urkullu a votar los Presupuestos de 2018. Lo que es significa avalar los favores de Rajoy al gobierno de Vitoria por desmedidos que sean, cuando a lo mejor lo que debería de hacer Rivera es denunciar por ‘prevaricación y malversación’ la compra ‘flagrante’ con dinero público (y puede que con soberanía nacional) de los votos del PNV para aprobar los Presupuestos de 2018 y la permanencia del Rajoy en el poder hasta 2020.

Se dirá que esta ceremonia de ‘compra de votos’ a los nacionalistas para investiduras, aprobación de Presupuestos o contra las mociones de censura, siempre ha sido así desde el inicio de la Transición. Lo que fue un error de González y Aznar que debieron haber pactado neutralizar en el Congreso -mediante abstenciones mutuas- a los partidos  nacionalistas en cuestiones de gobernabilidad y de máximo interés nacional lo que nos habría ahorrado el desafío y el golpe de Estado catalán.

Esta vez el precio que paga Rajoy para continuar en el poder es muy alto y está envenenado por el debate sobre la soberanía y la unidad de España una vez que el PNV incluyó el artículo 155 como parte del ‘chantaje’ a Rajoy y también al ‘Gobierno de España’.

Entonces ¿a que está jugando Rivera y con quién? Muy duro –y  puede que consecuente con sus pactos en Madrid- se ve a Cs con el caso del máster de Cifuentes, pero medio complaciente se le aprecia con el PNV y el Gobierno vasco e incluso con Rajoy, estando en juego lo mucho que ahora lo está en  cuestiones sobre la unidad de España, la soberanía nacional y la solidaridad ínter regional.