Las campanas de Madrid doblan por Rajoy

La presidenta de la Comunidad de Madrid Cristina Cifuentes no continuará en el cargo por la crisis de su presunto Máster de la Universidad Rey Juan Carlos, y sólo falta saber si: es ella la que va a dimitir; o si será Rajoy quien fuerce su salida para imponer otro candidato del PP; o si caerá en la moción de censura que ha presentado Ángel Gabilondo en el nombre del PSOE, con el apoyo de Podemos y puede que con la abstención de C´s.

Probablemente Cifuentes ya sea un cadáver político pero las campanas de la catedral de Madrid por quien de verdad doblan no es por ella sino por un fantasmal cadáver de mayor envergadura que se llama Mariano Rajoy.

El que entregará la cabeza de Cifuentes para salvar: su propia cabeza; el control de la Comunidad madrileña hasta las elecciones de 2019; y los Presupuestos de 2018. Una cuentas públicas para las que necesita a C´s y sin las que es imposible que Rajoy permanezca en la Moncloa hasta 2020, protegiendo los casos de la corrupción del PP (que también le afectan a él)  y a la espera del milagro que salve al PP de la auto destrucción que ya se inició en Cataluña el 21-D.

Hace tiempo que Mariano Rajoy ha perdido contacto de la realidad y que su presunta habilidad en el arte de no hacer nada (el tancredismo) para que el  tiempo lo arregle todo ya no le sirve para huir de su responsabilidad y hasta de su sombra y menos aún para intentar levantar el morro de este Jumbo en caída libre (en todas las encuestas) que es el PP.

El pasado fin de semana y en pleno escándalo por el máster de Cifuentes (que estalló cuando se supo que se falsificó el acta de su examen de final del máster por un tribunal que nunca existió) Rajoy convocó la Convención Nacional del PP en Sevilla. Y allí se aclamó a Cifuentes (‘a lo hecho pecho’ parecían decir) y se anunció el deseo de relanzar electoralmente el partido y subir la moral a sus dirigentes y militantes ante el imparable ascenso de C´s en la encuestas y la caída del PP. Pero el máster de Cifuentes y el triunfo de Puigdemont ante la Justicia alemana estropearon el festejo sevillano a Rajoy.

El que además tuvo la osadía de agredir y descalificar a Albert Rivera al que tildó de ‘inexperto parlanchín’ al tiempo que perdía una excelente oportunidad para que Rajoy, que ya escuchaba el doblar de las campanas de su funeral, hubiera dado su campanazo particular anunciando su retirada y la apertura de un proceso para la elección del nuevo líder del PP.

Pero está claro que Mariano Rajoy no será una excepción y que como todos los ex presidentes del Gobierno de la transición que le precedieron (Suárez, Calvo Sotelo, González, Aznar y Zapatero) él también acabará mal y parece que en línea con Calvo Sotelo quien no sólo se hundió en las elecciones de 1982 sino que además destruyó la UCD, que es lo que ahora Rajoy podría hacer con el PP.

Sobre todo por la pésima, tardía y acomplejada gestión del Gobierno y de la fiscalía del Estado de la crisis soberanista catalana (donde ha tenido gran responsabilidad la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría) y por los muchos casos de corrupción del PP (en Baleares, Valencia, Madrid y Murcia) donde la secretaría general del partido Dolores Cospedal no quiso actuar. Si añadimos la catastrófica o inexistente, dentro y fuera de España, política de comunicación de la Moncloa, veremos hasta qué punto es justo y necesario el final del tiempo político de Rajoy.

Y por todo eso y por él doblan las campanas de la catedral de la capital de España, aunque el Presidente se ate al mástil de la Moncloa con los oídos taponados y diga que todo esto son cantos de pérfidas sirenas sin querer ver ni oír la cruda realidad.