Cifuentes enfila el Cabo de Hornos

Como política combativa que es Cristina Cifuentes (‘Máster and Comander’) ha pasado ilesa la primera parte de su particular Cabo de Hornos donde la oposición política de la Comunidad de Madrid (el ‘tripartito’ lo llama ella) y algún ‘fuego amigo’ de su partido el PP buscaron sin éxito su naufragio en la primera parte de la travesía. Y ahora Cifuentes se prepara para sortear los escollos finales de su periplo ante el anuncio por el PSOE de una moción de censura en Madrid que pone contra las cuerdas a Ciudadanos.

No en vano la batalla electoral de Madrid, que tendrá lugar el año próximo en el Ayuntamiento y la Comunidad, será decisiva para el futuro político del país y las próximas elecciones generales. De ahí el revuelo y la alta tensión en torno al máster de Cristina Cifuentes con las que la oposición madrileña ha pretendido derribar a la presidenta, abriendo de paso una seria crisis en el PP como esperaban PSOE, Podemos y C’s durante el debate celebrado en la Asamblea de Madrid.

Un debate monográfico donde Cifuentes salió airosa porque allí presentó la documentación oficial, firmada y sellada, de la Universidad Rey Juan Carlos que acreditan la aprobación y obtención de su máster, su inscripción y pago de cuotas y sin que la oposición haya podido demostrar lo contrario.

Y si hubo alguna irregularidad o un trato de favor en la concesión del máster -como puede derivarse de la rectificación de las notas de dos asignaturas, o la elaboración y la firma del acta que certifica la aprobación de su trabajo de fin de máster-, eso es algo que deberá aclarar o de lo que debe responder y acreditar la Universidad y no la alumna como lo subrayó Cifuentes.

De manera que, salvo que se produzca alguna novedad que de un vuelco a esta situación, Cifuentes (y no es la primera vez) ha ganado la partida y será aplaudida y arropada por la cúpula del PP, con Rajoy a la cabeza, durante la Convención nacional que este partido celebra este fin de semana en Sevilla.

Y ello muy a pesar de que en el PP nacional, entre dirigentes y ministros del Gobierno, no vimos pasión alguna para dar la cara por Cifuentes, política a la que muchos consideraban una posible candidata a la sucesión de Rajoy en el sector más centrista o progresista del partido.

Lo que se suma al hecho incontestable de que fue la presidenta madrileña quien denunció ante la Fiscalía la trama corrupta de la Operación Lezo del Canal de Isabel II (de Ignacio González) y quien señaló a la banda Púnica (de Francisco Granados). Lo que no habrá gustado en la dirección del PP donde la norma habitual sobre los casos de corrupción del partido es el silencio de los corderos (‘la omerta’).

Cifuentes ha calificado este revuelo de ‘operación política para derribarla’ y algo o bastante de eso hay. Pero ella ha dado su batalla con la tenacidad que la caracteriza aunque quizás no con la premura que el caso requería, quizás porque esperaba recibir todas las certificaciones de la Universidad que ayer presentó en la Asamblea.

Y puede que, en todo este lío universitario (no distinto y de menor cuantía de los de Errejón o Monedero), Cristina Cifuentes se haya dejado una parte de su credibilidad. Pero si el tiempo demuestra que pasó indemne su particular Cabo de Hornos al final y superados los escollos, entre los que se anuncia la moción de censura del PSOE y Podemos que ya veremos si la apoya C’s, al final Cifuentes podrá entrar sin complejos y con más fuerza en la próxima y no lejana batalla electoral de Madrid en la que tanto hay en juego como se acaba de demostrar.