Matar a un ruiseñor

En el día que se han cumplido14 años del atentado yihadista de Atocha en el que murieron 200 personas y otras cientos resultaron heridas, hemos sabido que el cuerpo sin vida del pequeño de 8 años Gabriel Cruz, desaparecido el pasado 27 de febrero en la aldea de Las Hortichuelas (Almería), fue hallado sin vida en el maletero del coche de Ana Julia Quezada, la actual compañera sentimental del padre del muchacho Ángel Cruz, que está detenida mientras avanza la investigación.

No puede existir más móvil de este crimen que la suprema maldad de quien o quienes lo hayan llevado a cabo. Han matado a un ruiseñor en el despertar de su vida con alevosía y crueldad. Y la hoy presunta autora de los hechos tuvo la desfachatez de llorar en público por su desaparición, y colaborar en las intensas jornadas de búsqueda (donde participaron 2.000 personas), y donde el pasado día 3 ella dijo haber hallado una camiseta del pequeño en un lugar donde estaban buscando en compañía del padre del chico, Ángel, y que había sido registrado a conciencia con anterioridad.

Y fue ese dato, y la confirmación del ADN del pequeño Gabriel hallado en la camiseta, lo que despertó las sospechas de la Guardia Civil. La que interrogó a Ana Julia el pasado viernes y desde entonces la sometió a una estrecha vigilancia hasta que ayer domingo, por la mañana, fue detenida en Vícar y en el maletero de su coche apareció el cuerpo sin vida de Gabriel.

En el momento de ser detenida y según cuentan algunos vecinos, Ana Julia gritó :’no he sido yo, el coche lo he cogido esta mañana’. Sin embargo otro testigo asegura que la oyó decir ‘lo siento, te quiero’. Mientras que algunas fuentes de la investigación afirman que la Guardia Civil seguía de cerca y con discreción a Ana Julia a través de su teléfono móvil.

Todavía faltan muchos datos sobre la autoría, móviles, la acción del crimen y la ocultación del cadáver en los pasados días. Pero de momento una ola de estupor ha invadido a este país en el día que conmemorábamos el terror del 11-M sobre el que todavía algunos canallas pretenden desplegar un velo de confusión para impedir que las victimas descansen en paz y justificar un sin fin de mentiras oficiales y errores políticos, como fue la última guerra de Irak.