Se acabó Jordi Sánchez

Se acabó Jordi Sánchez como se acabó Carles Puigdemont, ni el Estado ni la Justicia aceptarán más burlas y desafíos de los golpistas y los que deseen regresar por el camino de ruptura del orden constitucional acabarán en la cárcel, con lacitos y sin lacitos, porque la delincuencia no tiene cabida en esta sociedad ni lugar en ninguna de las instituciones del Estado español.

Así lo ha dejado claro el juez Pablo Llarena del Tribunal Supremo al rechazar la petición de Sánchez de un permiso para salir de la cárcel y presentarse en el Parlament a la investidura para presidente de la Generalitat.

Una petición fraudulenta en sus argumentos y excusas por parte de quien, subido en un coche de la Guardia Civil que sus comparsas acababan de destrozar, jaleaba a las masas para mantener rodeados y secuestrados a los miembros de la Guardia Civil que registraban por orden judicial la Consejería de Hacienda en vísperas del referéndum del 1-O.

De manera que ya pueden los partidos soberanistas buscarse a otro de sus posibles candidatos a presidir la Generalitat porque Jordi Sánchez no irá a ese debate de investidura y sin su presencia en el Parlament no habrá nada que debatir, votar e investir porque el marco jurídico de esa operación está delimitado por el Tribunal Constitucional.

Y desde luego que se olviden en ERC y JxC de pretender poner en marcha un periodo constituyente (que es competencia de las Cortes Españolas), de crear un poder catalán paralelo en Bélgica al servicio de Puigdemont, o de convocar otro referéndum ilegal porque nada de eso les servirá una vez que todo ello será recurrido y prohibido por el Tribunal Constitucional.

El resultado de este empecinamiento golpista y del regreso al proceso independentista, que ha fracasado y del que han renegado muchos de ellos cobardemente ante el juez, sólo conduce a la permanencia del artículo 155 en Cataluña.

O a otras elecciones autonómicas, lo que tampoco parece fácil porque los golpistas han parado el reloj con las pretendidas e imposibles investiduras de Sánchez y Puigdemont. Y si el reloj no arranca el 155 permanecerá todo el tiempo que haga falta con la Generalitat intervenida mientras en el Tribunal  Supremo crece imparable la instrucción del golpe catalán.