Huelga de mujeres

La discriminación laboral de las mujeres en cargos y salarios es una realidad y justo es que se denuncie en todo el mundo, y no solo por las mujeres sino también por los hombres, y que dicha protesta llegue a los gobiernos y a las empresas en pos de una rectificación.

Y mucho más graves son los casos que ahora ven la luz de acoso sexual, y no digamos los crímenes de la violencia de género. Y a no perder de vista la postración, la humillación y la falta de libertad de las mujeres en países con regímenes teocráticos o autoritarios. E incluso en naciones presuntamente democráticas.

Y no digamos en instituciones y organismos religiosos donde se proclama la caridad y el bien común, como la Iglesia Católica, donde las mujeres están en un segundo plano y al servicio de los hombres. De ahí el cinismo del líder eclesiástico español el cardenal Osoro cuando afirma que la Virgen María también habría participado en esta convocatoria de huelga del 8 de marzo.

En realidad estamos ante la defensa de un Derecho Humano de igualdad y respeto, y esa batalla es de todos aunque para darla hay que concienciar a la sociedad y en ello está bien que sean las propias mujeres quienes lleven la iniciativa.

Pero la solución a estos problemas y discriminación llegará del conjunto de la sociedad, y nunca como el resultado de medio mundo contra otro medio, porque de roturas, divisiones y enfrentamientos está este Planeta Tierra lleno  en los cincos continentes y en muchos de ellos con guerras, enfermedades, hambre y miseria, que son mucho más graves y prioritarios que la batalla de la discriminación laboral y salarial.

El ejemplo atroz de las niñas secuestradas y violadas en Nigeria por tropas criminales y yihadistas de Boko Haram son un ejemplo de hasta dónde llega o puede llegar la maldad. Sin que hasta el momento las grandes potencias y ejércitos democráticos de Occidente (¿para qué sirve la OTAN?) se hayan molestado en acabar con esta organización criminal, que no sería nada difícil de localizar y liquidar para liberar a estas chicas convertidas en sus esclavas laborales y sexuales en el nombre de una divinidad.

Al margen del resultado y del posible impacto social e internacional de esta huelga ya es importante el debate abierto en España, donde muchas cosas se pueden arreglar, pero sin perder de vista que incluso en nuestro país hay situaciones más urgentes de postración social que no se deben olvidar. De igual manera que la inmensa mayoría de los españoles, abuelos, padres, esposos, compañeros e hijos de las mujeres que hoy van a la huelga no son culpables de nada y dignos de respetar.