¿Dónde está Pedro Sánchez?

A Pedro Sánchez no le gusta prodigarse mucho en público hasta el punto de estar medio desaparecido de la vida pública porque cometió el gran error de renunciar a su acta de diputado, a sabiendas que el Parlamento, a pesar de su vigente bloqueo institucional, es el centro del debate político.

Además dentro del PSOE hay demasiados portavoces, Margarita Robles, Carmen Calvo y José Luís Ábalos (el mejor de todos ellos) pero ninguno ostenta el rango de líder del Partido, y el líder no aparece cuando debiera a pesar que tampoco tiene nada mejor que hacer.

Por ejemplo, cuando las encuestas anunciaron el hundimiento electoral del PP en beneficio de Ciudadanos Mariano Rajoy apareció en entrevistas en varios canales de radio y de televisión, así como en foros de debate. Pero Sánchez es incapaz de hacer algo así y se reserva para ocasiones de mucho impacto social cuando, al contrario, ya que no está en el Parlamento por lo menos debería aumentar su presencia en los medios.

Aunque antes Sánchez debería investigar cómo y por quiénes se preparó su dimisión en el Comité Federal del 1-O de 2016, y cuál es el pacto secreto del PP con los grandes grupos de comunicación, y de facto con Podemos, para impedir que el PSOE supere la barrera de los 100 escaños, como ya se vio durante las elecciones generales de 2015 y 2016.

Asimismo, Sánchez tiene que recomponer su figura y su discurso nacional porque la unidad y la cohesión de España se han convertido en la primera cuestión política nacional (por ello sube Ciudadanos) y sabido es que lo de la ‘España federal y plurinacional’ ya fracasó en Cataluña y que los guiños del PSC al secesionismo catalán lastran al PSOE, como los disparates de Armengol en Baleares y otras aventuras lingüísticas en Cataluña, Asturias y Castellón.

Para acallar estas contradicciones el PSOE cuanta con un político de gran prestigio que es Josep Borrell, quien podría ejercer un liderazgo electoral e incluso ser determinante en una victoria del PSOE, porque Sánchez ya no se puede permitir una tercera derrota electoral porque eso sería su final.

Si tiene Sánchez un buen discurso social y acierta al pedir la medida del IPC para revalorizar las pensiones, pero se equivoca no aceptando la reforma de la Ley Electoral y oponiéndose a la independencia del Poder Judicial. Y aún no sabemos en qué consiste su pretendida reforma de la Constitución.

Lo que aumenta las lagunas y carencias del PSOE, partido que al menos se ha quitado de la espalda a Podemos porque los de Pablo Iglesias no cesan de caer en las encuestas, aunque esos votos que pierden tampoco van al PSOE, y si van ello quiere decir que por el centro izquierda son muchos los votantes socialistas que se pasan a C’s.

Al fondo de todo ello las preguntas que permanecen son si Sánchez tiene un buen proyecto para España y si está preparado para gobernar y para llevar con mano firme las riendas del Estado, en las actuales y bien complicadas circunstancias nacionales.

Y esas respuestas no son fáciles de aclarar para construir la imagen de un líder que está bastante oculto en el gran debate nacional. Incluso la tensa pelea entre C’s y el PP los deja a ellos fuera del juego y en un tercer lugar desde donde deberían reivindicar el absoluto liderazgo ‘democrático’ de la izquierda frente a Podemos e IU.

Lo que no les será fácil de explicar después de las muy recientes reformas estructurales de su partido donde ha reforzado de una manera ‘centralista’ su poder de secretario general, y entregado a las bases del PSOE un poder asambleario para decidir los pactos de investidura y de Gobierno, lo que constituye un serio error como pronto se comprobará.