El soberanismo se desinfla

Según el Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat catalana el apoyo al independentismo entre los ciudadanos de Cataluña ha caído ocho puntos en tan sólo cuatro meses. Del 48,8% en octubre pasado al 40,8% en este mes de febrero. Y se entiende que así sea por muchos motivos y para empezar porque la declaración de independencia que los partidos, PDeCAT, ERC y CUP aprobaron en el Parlament, fue un rotundo fracaso en España, Europa y el resto del mundo.

Y en segundo lugar porque los artífices del ‘proceso’ han resultado ser unos absolutos incapaces porque tenían nada preparado ni organizado para el día después de su declaración de independencia. Y lo que es peor su promotor y presidente se dio a la fuga y se refugió en Bélgica, en compañía de varios ex consejeros mientras Junqueras, los Jordis y Forn entraban en prisión y otros muchos dirigentes secesionistas, como Forcadell, están imputados y pendientes de juicio.

Y lo más grave es que todos ellos han renegado del proceso, han mentido al juez, y han afirmado que todo era solamente simbólico y no efectivo. Hasta el punto de reconocer, como lo hizo Artur Mas, que el proceso había sido ‘un engaño’ a los catalanes, lo que es el colmo de la desfachatez de quien como Mas ha sido el instigador de este enorme disparate.

Naturalmente todos mienten por temor de ir a la carcel tras el juicio que les espera por los serios delitos de rebelión, sedición y malversación. Pero no deja de asombrar que ninguno de estos patriotas soberanistas haya tenido la gallardía de reconocer lo que hicieron y de asumir su responsabilidad.

Solo la diputada de la CUP Mireia Boya sí reconoció la independencia como el objetivo de la rebelión. Y algo parecido dice su compañera Gabriel huida en Suiza, o el prófugo Puigdemont y su séquito de fugados, lo que prueba que esta panda de golpistas son unos aficionados y unos cobardes.

Ellos se jugaban todo a un revuelo internacional o a los actos de extrema violencia (como los que provocaron y buscaban el 1-O) para conseguir que el gobierno de España se sentara a negociar con los golpistas pero incluso esta demencial estrategia fracasó como era de esperar.

Y además ahora los golpistas están enfrentados entre sí y no consiguen un pacto de investidura para gobernar. Y por todo ello y el deterioro de la vida cotidiana, económica y social de Cataluña, el independentismo se desinfla en las encuestas que hace la propia Generalitat. Y ese desmorone irá a más a medida que el enorme daño económico causado empiece a llegar a todas las capas de la sociedad. Y todo ello mientras el nacionalismo español crece sin cesar, dentro y fuera de Cataluña, y la Justicia espera su turno de cara a los juicios que sobre el fallido y pintoresco golpe de Estado llegarán.