La rendición y confesión de Puigdemont

Pero, ¿qué esperaba? ¿De verdad creyó Puigdemont que iba a ganar el pulso al Estado y que sería investido presidente para gobernar Cataluña desde Bruselas y todo a cambio de que Torrent y la Mesa del Parlament entraran en la cárcel a la mayor gloria del prófugo?

La confesión de Puigdemont a su ex consejero Comín -en un mensaje que fue pirateado- diciendo que ha ganado la Moncloa (regalo que le hace a Rajoy) y que ‘los suyos’ del PDeCAT, con Artur Mas a la cabeza, lo van a ‘sacrificar’ es patética y reveladora. Y deja a los pies de los caballos a los que llevan semanas diciendo que Puigdemont sería investido presidente de la Generalitat.

Y ¿qué les van a decir ahora los jefes de ERC y PDeCAT a sus votantes y a los que el martes cercaron el Parlament?  No se sabe porque un llamativo y estremecedor silencio ha inundado el frente soberanista catalán, una vez que Puigdemont ha reconocido que su apuesta se ‘ha terminado’.

Además el Tribunal Supremo prepara una lista de imputados en la rebelión del golpe de Estado catalán -que sigue activo y con actos violentos- que va a permitir la inhabilitación de muchos de los dirigentes catalanes antes del mes de abril. De manera que no podrá ser investido ni presidente de la Generalitat ni nombrado miembro del Govern todo aquel que ahora tenga problemas con la Justicia relacionados con la declaración de independencia del pasado 27-O.

Ahora bien la confesión de Puigdemont no pone un punto final a la crisis catalana. Cierra aparentemente el episodio de su posible investidura y abre una lucha descarnada de poder entre Juntos por Cataluña (la lista electoral de Puigdemont) y una parte del PDeCAT y el conjunto de ERC que, como ha publicado Junqueras en Twitter, recuerda a Puigdemont que él lleva 90 días en prisión.

Y naturalmente ya están en marcha las apuestas para ver quién puede ser la alternativa a Puigdemont en la investidura y el presidente de la Generalitat. Y ahí se abrirá otro conflicto entre PDeCAT y ERC, partidos que en principio están obligados a entenderse pero que no se entenderán y tarde o temprano romperán, provocando un nuevo proceso electoral.

Naturalmente en Madrid el Gobierno está encantado y se pone medallas por la confesión ‘pirateada’ de Puigdemont. Pero la palanca de todo esto no ha sido la gestión del Ejecutivo de Rajoy y menos aún su fallido recurso ante el TC contra la candidatura de Puigdemont. Más bien fue la decisión del TC de exigir la investidura presencial de Puigdemont con la previa autorización del juez lo que ha provocado su rendición.

La partida continuará pero todo apunta a que sin Puigdemont lo que ya es una derrota importante para el soberanismo catalán que, como lo escribió el protagonista de estos hechos, ha hecho un ‘ridículo histórico’. Y esta nueva senda no hizo nada más que comenzar, porque ya no hay un sitio seguro para los secesionistas al margen de la legalidad.