Torrent entre Junqueras y Puigdemont

Está claro que en las actuales circunstancias en el soberanismo catalán ninguno de sus dirigentes políticos está interesado en los problemas del conjunto de los catalanes, o por la crisis de la convivencia ciudadana y económica y social que se ha creado en Cataluña por causa del proceso soberanista. Lo único que ahora les interesa es saber qué va a pasar con Puigdemont.

Y entre los dirigentes políticos que parecen desentenderse de Cataluña está el Presidente del Parlament Roger Torrent. Quien empezó el ejercicio de sus funciones con cierta solemnidad y hasta Albiol, desde el PP, quiso ver en él a un Presidente más moderado y razonable que esa otra loca y autoritaria de Carme Forcadell que llegó a decir que quienes en Cataluña no apoyaban la independencia no eran catalanes.

Pues bien, vamos a ver qué hace hoy Torrent porque en las últimas horas más que Presidente del Parlament de todos los catalanes está actuando como ‘el chico de los recados’ de Junqueras y Puigdemont.

Un trabajo tan respetable como cualquier otro y en su caso bastante difícil porque los recados que le llegan de JxCat y ERC son contradictorios. Una vez que los afines a Puigdemont le piden que desobedezca al TC y busque el choque frontal con el Estado, al grito de ¡todos con Puigdemont! Mientras que del lado de Junqueras y por boca de Tardá le dicen que lo importante es acabar con el 155 buscando un Presidente sin problemas legales y que debe invitar a Puigdemont a dar un paso atrás.

Y está claro que Torrent no puede servir a dos señores ni tampoco hacerle frente al Estado y al TC porque si hace eso acabará en el Tribunal Supremo imputado como Forcadell.

De manera que el joven Torrent se encuentra en una delicada posición que desborda su trayectoria y experiencia política y que le infunde un profundo temor a ser declarado ‘traidor’ por las bandas secesionistas más radicales. Las mismas que llamaron el pasado 26-O ‘traidor’ a Puigdemont cuando a punto estuvo de convocar elecciones autonómicas en lugar de proclamar la independencia el 27-O, como finalmente y de confusa manera ocurrió.

Aunque, eso sí, Puigdemont lo hizo con la boca chica, a media voz y sin salir a celebrarlo al balcón de la Generalitat como Maciá o Companys. Más bien al contrario Puigdemont al día siguiente se fue a Gerona y desde allí huyó a Bruselas, mientras Junqueras se quedaba en Barcelona y acudía iluso ante la jueza Lamela de la Audiencia Nacional ante la que se negó, muy soberbio él, a declarar, convencido de que la juez ni nadie podrían meterle en prisión preventiva como finalmente ocurrió y ahí sigue.

Y no porque fuera más valiente que Puigdemont sino más bien porque fue más tonto, como después se demostró en las elecciones del 21-D donde Junqueras no pudo hacer campaña electoral y Puigdemont sí la hizo desde Bruselas y gracias a ello luego derrotó a ERC contra todo pronóstico.

El valor y la gallardía no es precisamente lo que ha brillado por parte de los políticos catalanes durante todo el proceso secesionista y menos aún en los momentos en los que algunos de sus protagonistas han tenido que declarar ante un juez. Más bien al contrario el miedo se ha impuesto por encima de su presunto patriotismo.

Miedo, silencio y confusión es lo que impera en el bando secesionista donde al margen de la investidura del nuevo Presidente nadie ha dicho por ahora lo que piensan hacer desde el Gobierno catalán, si seguir la vía unilateral para la independencia, o si renunciar a esa política y aceptar así la legalidad y la Constitución. Ni el PDeCAT ni ERC tienen programa político ni de gobierno, solo hablan de la investidura, luchas de poder entre ellos y de hacer frente al Estado para reactivar la confrontación.