Rajoy deberá disolver el Parlament

Si la Mesa del Parlament y su presidente Torrent acuerdan convocar un pleno de la Cámara catalana para la investidura de Puigdemont como presidente de la Generalitat -por la vía telemática, de manera presencial o aunque esté en la cárcel- el Presidente Rajoy no tendrá más remedio que disolver por segunda vez el Parlament, mantener activado el artículo 155 de la Constitución y convocar elecciones catalanas, sin prisas, y en la fecha que considere oportuna.

Lo que no puede ocurrir es que un personaje como Puigdemont, que es un prófugo de la Justicia y el presunto jefe de una ‘organización criminal’ que ha violentado la legalidad y el orden constitucional vuelva a ser presidente de Cataluña y en consecuencia representante del Estado en la Comunidad Autónoma.

Hay demasiadas cosas en juego en España en este envite como para que no se vuelvan a repetir errores e improvisaciones tanto por parte del Gobierno de Rajoy, como por la Fiscalía del Estado y el juez Pablo Llarena del Tribunal Supremo, quien últimamente ha mezclado la política con su jurisdicción.

Están en juego el prestigio y la unidad de España, el orden constitucional, la recuperación económica del país, la convivencia democrática y la legalidad. Y ya está bien de burlas de todo ello por parte de los partidos soberanistas y  de la mofa e insultos a España de Puigdemont y sus colaboradores. Y está claro que si el Parlament pone en marcha la investidura de Puigdemont no cabe más respuesta que la disolución de la Cámara por parte del presidente Rajoy.

Todo lo demás son cábalas arriesgadas entre las que se incluye la posible presencia de Puigdemont en el Parlament -que es ‘inviolable’ y donde no puede entrar la policía- tras llegar clandestinamente en España, lo que es mucho más fácil de lo que imagina el asombroso ministro de Interior Zoido -que habló de registrar los maleteros de los coches en las fronteras- porque en España se puede entrar con gran facilidad por tierra, mar y aire, e incluso a pie.

De manera que ya está bien de improvisaciones y de ocurrencias por ambas partes para que queden claras desde ahora las posiciones: si los partidos soberanistas quieren un President y un nuevo Govern y el final del 155 no pueden proponer la investidura de Puigdemont; pero si lo hacen, a Rajoy no le quedará más salida que volver a disolver el parlamento catalán y convocar  otras elecciones pero en esta ocasión no de manera inmediata como ocurrió el pasado 21-D sino cuando más le convenga al Gobierno español.