Rajoy, ‘La fuerza tranquila’

‘Las cosas’, como diría Rajoy, ‘están mal y pueden empeorar, o no’ para el PP ante al anunciado ascenso electoral de Ciudadanos que cantan las encuestas. Pero eso, que hoy parece posible, tiene enfrente al hombre de mármol, Mariano Rajoy, quien ante la Junta Directiva Nacional del PP dio ánimos a los suyos, atacó las encuestas insistió en la mejora de la economía y declaró y de su impavidez la convicción de que volverá a ganar las elecciones tras relanzar al PP en una Convención de marzo.

No sabemos si Arriola continua siendo el gurú electoral del PP pero vista la intervención del Presidente del Gobierno ante la dirección de su partido (donde solo manda él), el ‘gurú’ o el propio Rajoy podrían apropiarse del lema ‘La fuerza tranquila’ que llevó a Mitterrand a la presidencia de Francia tras derrotar a Giscard D’Estaing.

Sin embargo hay tendencias, como la que se desató en Cataluña con la victoria de Inés Arrimadas, que se convierten en realidad en un tiempo como el actual en España donde la palabra ‘cambio’ tiene un valor muy importante.  En el que las nuevas generaciones apuestan por limpiar de corrupción y rejuvenecer la política por la vía del centro reformista, frente a las viejas y superadas ideologías, como ha ocurrido en Francia con el presidente Macron.

El PP despertó este lunes con una segunda encuesta de ABC en la que anuncia que Ciudadanos (26,2 %) ganaría hoy las elecciones generales en votos –pero no en escaños- por delante del PP (24,7 %), PSOE (24,2 %) y Podemos (14,7%). El sondeo, de GAD3, coincide con el del diario El País del pasado fin de semana (C’s 27,1 %; PP 23,2%; PSOE 21,6 %; y Podemos 15,1%).

Lo que unido al triunfo de Inés Arrimadas en Cataluña con 36 escaños y al hundimiento allí del PP con 4 escaños, desató una ola de pánico en las filas ‘populares’, entre ‘cuadros’, dirigentes y gobernantes locales y regionales que exigen una urgente reacción a Rajoy, su Gobierno y a la dirección del partido, con vistas a las elecciones europeas, municipales y autonómicas de 2019.

En su discurso Rajoy ha querido subrayar, en relación a lo ocurrido en Cataluña, que no son iguales las elecciones generales y las autonómicas y ha dado un estacazo a Metroscopia recordando que un mes antes de las elecciones generales de 2015 esta empresa demoscópica publicó un sondeo muy parecido al que acaba de editar anunciando un empate técnico en cabeza del PP, PSOE y C’s, lo que resultó falso, a pesar que C’s se acababa de lograr el segundo lugar en las elecciones catalanas.

Todo eso es cierto pero estamos en 2018 y a Rajoy: le estalló en las manos el referéndum del 1-O y la declaración de la independencia de Cataluña no logró impedir; la corrupción del PP inunda los tribunales; el gobierno está abrasado por mala gestión de los Santamaría, Dastis, Zoido, Méndez Vigo y Catalá; y en los cuarteles de invierno regionales del PP crece la inquietud ante los comicios que se aproximan en 2019.

Además Rajoy sabe que sobrevivió milagrosamente a las elecciones de 2015 porque Iglesias se negó a apoyar a Sánchez en la investidura, y en 2016 gracias a un golpe de mano en el PSOE que derribó a Sánchez y permitió la abstención del PSOE para investir a Rajoy. Y ahora Rivera está crecido, Sánchez manda en el PSOE y Podemos, el ‘demonio’ que le permitía al PP convertirse en refugio de voto del miedo se desmorona y facilita el trasvase de votos del PP a Ciudadanos.

Como ocurre en Cataluña da la impresión que Mariano Rajoy ‘La fuerza tranquila’ del PP ha perdido contacto con la realidad y cree que logrará renacer de entre sus cenizas por tercera vez. Sobre todo si el desafío catalán le ha una segunda oportunidad de ejercer la firmeza inmediata que no practicó el septiembre cuando se inicio el golpe catalán. Pero ni eso puede que le salve al frente del Gobierno porque esta vez ni PSOE ni Ciudadanos lo investirán Presidente.

Rajoy, el hombre de mármol, debe pensar en descansar en el panteón de la derecha española de la transición y promover, incluso ya y desde la anunciada Convención del PP en marzo, un cambio de gobierno y un relevo en el liderazgo del PP. Y, si no lo hace esa su ‘fuerza tranquila’ se transformará en enorme debilidad y se hará realidad la ‘crónica de una muerte (política) anunciada’, con un pésimo final. Como tuvieron todos los Presidentes de la Transición por no salir a tiempo y bien del poder.