Horrible 2017 e incierto y judicial 2018

2017 ha sido un año ‘horribilis’ para España. Mientras el Presidente Trump se lo pasa bomba con Kim Jong-un, Vladimir Putin y Jing Ping, y por fin consigue su gran bajada de impuestos en USA, lo que altera el comercio mundial; mientras Macron estrena liderazgo en Francia y Europa y Merkel sufre para poder formar gobierno; cuando parece que se acaba el ISIS en el Oriente Próximo, pero no sus últimos coletazos con matanzas terroristas en Londres, Barcelona y Cambrils; cuando Italia entra en campaña electoral y Venezuela profundiza su ruina; en España vivimos en el desgobierno general y nacional, aunque la economía progresa a pesar de la política salvo en Cataluña.

Estamos en España un tiempo preocupante en lo territorial e institucional porque la crisis del golpe de Estado catalán del 27 de octubre, fuera de la Ley, del Estatuto y la Constitución, ha encontrado refugio en las elecciones del 21-D e intentará prolongarse y camuflarse frente al Gobierno de Rajoy (y de la inefable Soraya) que llegó muy tarde con el 155 y demasiado pronto a las elecciones del 21-D que se debieron convocar más tarde como se acaba de demostrar.

Comicios en los que se renovó la mayoría secesionista del Parlament, a pesar de las mentiras ya probadas de los rebeldes y de la fuga masiva de empresas e inversiones, y a pesar también de la victoria bien merecida de Inés Arrimadas y C’s, tras hundimiento del PP catalán, la parálisis del PSC de Iceta y Sánchez y el fiasco del Podemos catalán de Iglesias y Comunes de Colau.

Naturalmente entre los perdedores y los pésimos gestores de la crisis nadie dimite. Ni en el Gobierno, el PP, PSOE-PSC, Comunes y Podemos. ‘No es el momento’ se suele decir para ganar tiempo a ver si el desastre entra en el terreno del olvido. Pero esta sería crisis catalana sigue ahí por más que los golpistas de PDeCAT y ERC tienen sus problemas y diferencias notables.

Eso sí, quedan las lentas responsabilidades penales de los jefes golpistas catalanes y las de la corrupción de Convergència, el PSOE y las múltiples y variadas del PP donde ahora asoma la cabeza de Gallardon en las compras infames del Canal de Isabel II durante y después de su mandato. Por ello tendremos que estar muy atentos a los tribunales de 2018 que será un año de gran actividad judicial.

Ahora bien, dicho esto se debe reconocer que la economía española mejora a pesar de los pesares catalanes y del ‘santo’ batacazo del Banco Popular. El que la astuta Ana Botín se quedó por un euro (más las deudas) en medio de una extraña operación gubernamental (con Guindos al aparato), aunque sí parece que en Cataluña la economía, las finanzas y el empleo van de mal en peor y tendrán un otoño dramático como era de esperar.

Mientras tanto falta por reconstruirse la verdadera trama política, mediática y económica del golpe de Estado Catalán: ‘la organización criminal’ tal y como la definió la juez Carmen Lamela de la Audiencia Nacional. Porque está claro que los Jordis (¿quién los financia?), Junqueras y el prófugo Puigdemont son actores de reparto en un golpe de Estado en el que estaba inmersa casi toda la ‘élite’ del nacionalismo catalán y donde Artur Mas tenía el rol del ‘Elefante Blanco’. Es decir, el líder y conductor de la operación.

Conviene pues desenmascarar la alta trama del golpe, o intervenirla, para llevarla al tribunal de la opinión pública y, en su caso, ante la Justicia porque tenemos la impresión que solo quienes montaron y financiaron el golpe son los que a fin de cuentas y a buen seguro pueden obligar a los secesionistas  a regresar a la legalidad.

Sobre todo antes que arruinen Cataluña y que progrese como un Tornado esa ocurrencia de Tabarnia, que partiría en dos, desde dentro de la legalidad y de la Constitución, la Autonomía de Cataluña con los mismos argumentos de los golpistas y sin romper con España ni con la UE.

Ahora bien, Cataluña empantanada con un Puigdemont que pretende ser el Presidente por videoconferencia y desde Bélgica, pero España continúa su camino y vamos a ver qué hace Rajoy en el 2018 porque la legislatura está acabada aunque el PNV de Urkullu -que está muy crecido y amenaza con imitar el desafío catalán- esté dispuesto a apoyar los Presupuestos de 2018 de Rajoy a cambio de más dinero -del erario público- para el cupo vasco.

Pero que se cuide a Urkullu no vaya a ser que algunas empresas vascas se trasladen a Madrid y que alguien en Vitoria imite la ocurrencia de Tabarnia con Alavania, porque el nacionalismo español que despertaron los golpistas catalanes, con mentiras y agresiones a España, no está para bromas.

En todo caso, nada de adelanto de los comicios generales y todos a esperar la gran primavera de 2019, donde habrá elecciones Europeas, Municipales y en 13 Autonomías. Y de aquí a esa fecha se esperan movidas sucesorias de Rajoy que está quemado en el PP y de Iglesias contestado en Podemos. Así como baile de candidatos por doquier. Pero sabido es que Rajoy es el rey del inmovilismo.

Y hablando de Rey, debemos elogiar el discurso del monarca Felipe VI del pasado 3 de octubre exigiendo la restauración del orden constitucional tras el caótico y fraudulento referéndum del 1-O. El que Rajoy y Soraya fueron incapaces de impedir a pesas de las promesas de Rajoy, incluso ante el Presidente Trump y en la puerta de la Casa Blanca. Un desastre de este Gobierno adornado por una inexistente política de comunicación (que nos ha dejado en ridículo en Europa) y una pésima gestión de los ministros de Interior, Exteriores, Justicia y Portavoz.

Lo pasado pasado está dicen los responsables políticos y para que se hable de otra cosa, Maillo, Hernando y Albiol, tres provocadores del PP, le piden a Arrimadas que se estrelle en el Parlament presentándose a una investidura imposible. Estos tres artistas se olvidan y callan sobre lo que hizo Rajoy tras las elecciones generales de 2015 que ganó, lo que no le pareció suficiente para presentarse a la investidura declinando -y con razón- el ofrecimiento que le hizo, sin motivos suficientes (no salían los números) Rey. El que en su mensaje de Nochebuena no mantuvo la misma firmeza del 3 de octubre y puede que a instancias de Rajoy (la larga mano de Don Tancredo).

Pero en todas partes cuecen habas porque el PSOE de Sánchez, que venía de arrasar en las primarias a Susana Díaz, se ha dejado muchas plumas en Cataluña donde, entre otras cosas, quedó claro que Iceta no progresa y que el proyecto federal y plurinacional del PSOE se acabó y está muerto porque no lo quieren ni los nacionalistas ni los españolistas, ni tampoco en muchas autonomías gobernadas por los socialistas.

Y tampoco termina bien el año Pablo Iglesias, con batacazo catalán y fama de pro secesionista, lo que le pasará factura en toda España donde además Carolina Bescansa le ha hecho frente y reclama para Podemos un proyecto español.

El que está de moda es Albert Rivera, con el triunfo catalán de Arrimadas, y son muchos los analistas que le anuncian un ascenso importante en todo el territorio nacional, aunque las elecciones municipales de 2019 no son un territorio propicio para C’s pero si lo son las Europeas y algunas de las 13 autonómicas. Y que se cuide Rivera de los aduladores mal auto llamados ‘liberales’ del PP y de sus furiosos publicistas, porque ahí habita y está la extrema derecha de las grandes mentiras del 11-M y de la guerra de Irak.

Se acaba 2017 y bien está que así sea porque ha sido un año para olvidar. Y entramos en el 2018 del 40 aniversario de la Constitución y del arranque de la transición, que debe ser un año de reformas y de gran renovación. Y de toma de medidas legales y constitucionales (reformas de la Ley Electoral y del TC y el Código Penal) para prevenir e impedir disparates como los del fallido golpe de Estado catalán.