La Constitución no se toca

Rajoy no quiere reformar la Constitución y menos aún para conceder más ventajas y autogobierno a las autonomías como pretenden Sánchez e Iceta para justificar su discurso político y electoral catalán. Y si Rajoy dice no y estamos seguros que Rivera también estará en contra, la reforma de la Carta Magna no tendrá lugar en esta legislatura y menos aún para premiar a los autores del golpe de Estado catalán.

Ni con más autogobierno, ni con más financiación y menos aún en base a repetir por todas las autonomías el modelo del concierto vasco como lo propone el lehendakari Urkullu, para romper la solidaridad y para que las Comunidades más ricas sean más ricas y además avance la diáspora de la desintegración nacional.

Sin un amplio consenso, como dice Rajoy, no puede haber reforma de la Carta Magna. Y si hay reforma no puede ser para aumentar el poder de las autonomías sino, más bien al contrario, para reducirlo y para que el Estado controle la Justicia y la Educación.

Además la reforma que necesita la Constitución se refiere sobre todo a que en ella se debe plasmar y garantizar la separación de los poderes del Estado que en España brilla por su ausencia y es causa de muchos problemas, tal y como ocurre con la corrupción y el abuso de poder.

Pero está reforma de la separación de poderes nunca ha interesado al PSOE ni al PP, porque en sus respectivas alternancias ambos partidos y gobiernos de turno han disfrutado de un inmenso y acumulado poder que solo perdían por sus propios errores y no por méritos de la oposición.

O sea, de momento y con el golpe catalán aún caliente la Constitución se va a quedar como está. Y nada de más autogobierno ni de la España federal que pregona Sánchez desde el PSOE. Entre otras cosas porque no existe en el mundo un proceso similar en el que una nación como la española pone en marcha un procedimiento  de centrifugación federal.

Es al contrario, pequeñas naciones o más bien regiones si se han federado (Suiza e incluso Alemania) para construir una nación, o un ente superior, como ocurrió con EE.UU. y ahora pasa con la Unión Europea. Pero romper una nación en federaciones es un disparate enorme que conduce a unas situaciones propicias a la independencia como siguiente escalón y como lo hemos visto en el caso catalán.