La Justicia en paños menores

El final político de Mariano Rajoy puede ser mucho peor de lo que imagina (para él y para el PP) por su pésima gestión política del caso catalán, su autoritaria actuación en el Gobierno y el PP y por su intento de manipular, con pésimas artes, los tribunales donde se juzga la corrupción de ‘su’ PP. Una intromisión de Rajoy y del Gobierno en la vida judicial que está dejando en paños menores (y en distintos frentes) la pretendida independencia de la Justicia española.

Y no sólo por lo que le afecta al propio Rajoy (que ya veremos si no acaba imputado) y al PP, sino porque su larga mano en la Justicia alcanzó a todos esos procesos donde estaban afectadas personas de poder y relevancia como la Infanta Cristina y como ocurre ahora con los autores del golpe de Estado catalán, sin olvidar a cierto financieros y empresarios de fortuna.

Así se explica que, en un movimiento sincronizado y previo al comienzo de la campaña electoral del 21-D y antes de que la Justicia belga se pronuncie sobre la extradición de Puigdemont, el Tribunal Supremo decida abordar el viernes los recursos presentados ante esa Corte por Junqueras, los Jordis y siete ex consejeros del govern de Cataluña para que se les conceda -como en su día a Forcadell- la libertad condicional con fianza.

Lo que ocurrirá a nada que acaten el artículo 155 de la Constitución ante el magistrado Pablo Llarena quien, cabe imaginar, que les tomará declaración a todos ellos sobre su participación en el golpe de Estado catalán y sobre la reciente declaración de independencia de Cataluña.

Estamos ante una actuación del Supremo -que previamente acumuló todos los procedimientos del golpe catalán de inusual y premeditada manera- que, siendo procesalmente legítima, resulta políticamente predeterminada por el Gobierno de Rajoy.

Lo que coincide con la muy reciente excarcelación del ex presidente de la Comunidad y del PP de Madrid, Ignacio González. Y con la más reciente y burda maniobra perpetrada en la Audiencia Nacional -todo un escándalo denunciado por la Oposición- para sacar, de los tribunales que juzgarán los casos Gürtel y de la doble contabilidad del PP, a aquellos magistrados que exigieron -en la fase de instrucción- la declaración como testigo de Rajoy.

Y a no olvidar, en este bochornoso relato de la manipulación de la Justicia, la también reciente y escandalosa actuación del ex fiscal anti corrupción Moix en el caso Lezo de I. González, intentando bloquear la investigación, poco después de que se conocieran las conversaciones del ministro de Justicia Rafael Catalá con su amigo I. González (al que acaban de sacar de la cárcel). Un Moix bajo todas las sospechas que tuvo que dimitir cuando, para colmo, se descubrió que tenía una sociedad secreta en el paraíso fiscal de Panamá.

La Justicia española está a merced del Gobierno de Rajoy al que le importa un rábano lo que diga de él una Oposición con la que suele pactar a pesar de todo esto, porque nadie le dice eso de: ‘hasta aquí hemos llegado, señor Rajoy’. Ahí está lo del ‘cuponazo vasco’ y su pacto al respecto con el PNV y el PSOE, porque en la política española se practica lo de ‘compartimentos estancos’. De manera que Pedro Sánchez puede decirle a Rajoy lo de ‘usted no es una persona decente’ y, tiempo después, pactar con él todo el 155, el cuponazo o la comisión para ‘solo hablar’ -puntualiza Rajoy- de la reforma de la Constitución.

Y así mientras los escándalos en la política y la Justicia se suceden, Rajoy se nos va ni más ni menos que a Abiyan (Costa de Marfil) para participar en una cumbre afro-europea y escaparse de la realidad nacional jugando a eso que tanto le gusta a algunos de la política internacional.