Los presos del golpe besan el 155

Estos patriotas secesionistas no son lo que se dice un dechado de valor y  gallardía. Unos, con Puigdemont a la cabeza, se han dado a la fuga después de declarar la independencia de Cataluña y han dejado abandonados a los suyos ante los que, además, han reconocido que no tenían nada preparado para poner en marcha la independencia. Y el resto de consejeros y de la  trama civil -Junqueras, Jordis y compañía- del golpe han acabado en prisión tras negarse a declarar ante la juez Lamela de la Audiencia Nacional.

Pero poco les ha durado a estos últimos su arrogante resistencia ante la Justicia española -cuando se negaron a declarar- porque parece que ahora están dispuestos a ‘cantar’ ante el magistrado Llarena del Supremo que imaginamos que los interrogará sobre los delitos que se les imputa antes de decidir -como parece que está decidido- si se les concede ahora la libertad provisional con fianza.

No vaya a ser que Junqueras los Jordis y los otros siete consejeros piensen que con besar el artículo 155 de la Constitución y prometer que van a ser buenos ya pueden salir corriendo de la cárcel sin responder al juez y al fiscal sobre lo ocurrido en los últimos meses y los delitos que se les imputan.

Salvo que las instrucciones de La Moncloa al magistrado Llarena sean la de ‘¡suéltelos de una vez!, a nada que digan amén al 155 y bailen unos pasos de sardana para demostrar que carecen de agresividad.

La suelta de presos que ahora se va a escenificar en el Tribunal Supremo va a juego con el ‘cuponazo’ vasco que Sánchez y Rajoy le acaban de regalar al PNV y Urkullu en esta interpretación del tango Cambalache en la política española -‘el que no llora no mama y el que no roba es un gil…’ en el que los golpistas, tras besar el santo y seña del 155, salen del Supremo dando saltos de alegría y camino de la campaña electoral.

Votaron en secreto la independencia en el Parlament y no fueron capaces de salir a celebrarla y proclamarla al balcón de la Generalitat, y ahora Forcadell dice que solo fue una ‘declaración simbólica y virtual’; y Junqueras que solo ha sido ‘un hecho político’; y su adjunta Rovira que ‘la unilateralidad’ es un invento de Rajoy. Y todos a coro que les encanta el 155 y que viva la madre superiora.

Y estos son los patriotas del sentimiento nacional catalán. El que, por ahora y huido en Bélgica, sigue proclamando que es el presidente de la República catalana y que no acata el 155 es Puigdemont. Quien anda insinuando que reaparecerá por sorpresa -le encanta jugar a la Pimpinela Escarlata- en la campaña electoral, para lo cual tendría que fugarse también de la Justicia de  Bélgica que le ha prohibido salir de ese país hasta que se resuelva en unos días el recurso de la extradición.

Ahora bien si Puigdemont se presenta en Barcelona puede acabar siendo prófugo de Bélgica y de España y al final tendrá que dormir en la cárcel de Estremera de donde, como prófugo que sería, tendrá difícil salir por mucho que se empeñen en ello Llarena, Sánchez y Rajoy. Porque si eso ocurre la indignación nacional contra el Gobierno de España y el PSOE crecerá de manera exponencial.

De hecho esa indignación es ya muy alta cómo se aprecia en las encuestas pre electorales de las elecciones del 21-D que están al llegar.