La violencia del terror y de la palabra

El tremendo atentado del ISIS contra la mezquita egipcia sufí en el norte del Sinaí (al menos 305 muertos y más de 128 heridos) nos sumerge en la tristeza y la mayor de las incertidumbres frente a los oscuros y traicioneros ejércitos del terror. Unos fanáticos que organizan matanzas en el nombre de un mal Dios que buscan venganza y cosechas de sangre en un templo donde varios cientos de personas pacíficas y religiosas rezaban a otro Dios, hermano en el islam, y ubicado en esa franja del Oriente Próximo que lleva siglos en guerra entre ellos y contra el resto de la Humanidad. Y en los últimos años ahí incluida la Europa occidental.

La masacre de la mezquita de Al Ruda en la localidad egipcia de Al Arish, en la península del Sinaí, nos obliga a mirar a nuestro alrededor y a entender que nuestros problemas y desafíos más inmediatos, como ahora es el caso catalán son asuntos de menor cuantía, si los comparamos con la atrocidad del Sinaí que acabamos de conocer.

Aunque en la base de tan dispares problemas está la cultura del odio y el gran fanatismo de la religión, la etnia y los nacionalismos. Y mucho de eso hay en la crisis del nacionalismo secesionista catalán, sembrado de odio y de xenofobia y con gestos que recuerdan al fascismo y nazismo europeo de años atrás cómo se ve el adoctrinamiento de niños y el uso de estos para alentar el odio o montar barricadas contra la legalidad.

Y qué decir del señalamiento en Cataluña de las casas de jueces y fiscales o de las familias de los políticos con alusión directa a sus hijos como lo acaba de hacer esa fascista de Nuria Gispert, o la sinvergüenza de Marta Rovira que afirma que el Gobierno de España amenazó con cadáveres en las calles, o las machadas continuas del nazi Rufián, etcétera.

La mentira sistemática y la violencia verbal de los nacionalistas catalanes merece una respuesta contundente del Gobierno, de las Fuerzas Políticas democráticas, de la Justicia y de los medios de comunicación, muchos de los cuales -como La Sexta TV- se han convertido en altavoz de la barbarie y del neofascismo catalán dando cobijo a mentirosos compulsivos que usan sus agresiones como palanca de propaganda electoral.

Y vamos a ver si la firmeza de la Justicia y de los gobernantes, y no paños calientes, empieza a ser la respuesta inequívoca frente a quienes no acatan la legalidad, amenazan con la violencia física y verbal, porque son, como lo ha descrito la juez Lamela, una ‘organización criminal’. Algo de lo que debe de enterarse de una vez por todas el portavoz del Gobierno, Íñigo Mendez Vigo -¡menudo desastre de Ministro!-, que se pasa los días dando consejos políticos al prófugo Puigdemont (“que se presente a las elecciones” o “que debata con Albiol”) en vez de exigirle que se presente ante la Justicia de española para responder de sus muchos delitos y para su inmediato ingreso en prisión.