Cómo acabar con el chantaje nacionalista vasco y catalán

Bastaba que Felipe González y José María Aznar hubieran sellado en 1993 (el año en el que González perdió la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados) un ‘acuerdo de respeto’ al partido mayoritario y españolista para impedir el chantaje de los nacionalistas al Estado y al Gobierno de turno.

Se trata de un acuerdo o pacto ‘de respeto’ entre PP y PSOE (y ahora con C’s también) por el que los partidos españolistas del Congreso renunciaban a derribar en la investidura y aprobación de los Presupuestos Generales del Estado al partido mayoritario en el Gobierno con la ayuda de los votos de los grupos nacionalistas del Congreso. Para impedir así el chantaje de los nacionalistas a España y distintos gobiernos del PSOE y del PP, como se ha visto y vivido en los últimos años.

De esa manera los nacionalistas, a los que prima una pésima Ley Electoral, nunca podían haber amenazado a los gobiernos del PSOE y del PP en las votaciones fundamentales de la Cámara baja, y sus grupos parlamentarios ( PDeCAT, ERC, PNV, Bildu y Compromis) habrían quedado reducidos a una presencia meramente testimonial en las votaciones de la Investidura y los Presupuestos y la moción de censura. Por el contrario si podrían contar con los votos a favor y en contra de los partidos españolistas (PP, PSOE, C’s, IU, Podemos, CC y UPN).

De esa manera los gobiernos de Barcelona y Vitoria y sus partidos de corte nacionalista nunca habrían podido avanzar hacia la independencia como lo han hecho en los pasados años, sobre todo siempre y cuando el Estado se hubiera reservado para el Gobierno de España el control de la Educación.

Lo ocurrido ayer con el cupo vasco en el Congreso de los Diputados es otra derrota del Estado frente a los nacionalistas destructivos avalada por el PP y el PSOE y como la consecuencia del burdo chantaje al que el PNV sometió a  los dos grandes partidos nacionales (al PP a cambio de aprobar a Rajoy los Presupuestos de 2018; y al PSOE a cambio de acuerdos en Euskadi y otras componendas de corte ‘plurinacional’).

Algo que se podría haber evitado de una manera muy sencilla, al igual que se ha podido evitar la escalada de concesiones que PP y PSOE les hicieron a los nacionalistas catalanes en pasados años gracias a los Gobiernos de Felipe González en 1993, de Aznar en 1996, Zapatero en 2004 y Rajoy en 2011. Lo que ha conducido al golpe Estado catalán y a la enorme crisis institucional y económica que de esa situación se deriva para Cataluña y toda España y sin visos de solución a corto plazo.

¿Por qué González y Aznar no hicieron ese ‘acuerdo de respeto’ al partido mayoritario frente al chantaje de los nacionalistas? Pues en primer lugar porque no se les ocurrió ni tampoco fueron capaces de adivinar en 1993 ni en 1996 la deriva destructiva e independentista del nacionalismo a medida que iban logrando más autogobierno y el control de su población y de los poderes económicos y medios de comunicación de su territorio o región.

Además el empeño de González de mantenerse a cualquier precio en el poder en 1993 y el de Aznar en 1996 de llegar al poder (aunque tuviera que hablar catalán ‘en la intimidad’) cegaron a ambos políticos.

Pero la situación empeoró mucho más con Zapatero cuando declaró que la nación española era ‘discutida y discutible’ y que apoyaría en Madrid lo que decidiera el Parlamento catalán promocionando finalmente un Estatut que era innecesario e inconstitucional y está en el origen de la crisis catalana.

Y el cáncer secesionista que ZP había incubado en Cataluña creció de una manera exponencial por desidia y ceguera de Rajoy que se cruzó de brazos y calificó la escalada secesionista hacia la rebelión de simple ‘algarabía’.

La que  le acaba de estallar a Rajoy en las manos ante el asombro de la UE y de medio mundo y la indignación de la inmensa mayoría de los españoles. Y ahí incluidos González y Aznar que tienen en todo esto gran responsabilidad.

Por eso ahora y aunque tarde PP, PSOE y C’s deben firmar el citado ‘pacto de respeto’ a la mayoría porque si no lo hacen la unidad y la estabilidad de España se romperán y el aviso del golpe de Estado catalán, urdido -como lo dice la juez Lamela- por una ‘organización criminal’ (de la que falta por saber su cúpula financiera, empresarial y editorial) no habrá sido suficiente para que los partidos nacionales tomen conciencia de la gravedad de lo ocurrido.

Y para que antepongan el interés general de España a la ambición personal y partidaria que, eso sí, deben de estar fuera de cualquier sospecha sobre la corrupción o cualquier delito, porque no puede existir ‘respeto’ si alguien se sitúa en el abuso de poder y al margen de la legalidad.