Barcelona cae a la primera

El salto de la alcaldesa de Barcelona hacia la independencia fue la última gota que derramó el vaso de la aspiración de Barcelona a convertirse en la sede de la Agencia Europea del Medicamento que finalmente fue a parar en Ámsterdam tras una apretada pugna con Milán.

Se veía venir y se confirmó, unos gobernantes fuera de la Ley que quieren abandonar la Unión Europea no están en condiciones de recibir a nadie en un territorio sin seguridad jurídica ni estabilidad política, lo que confirma el deterioro económico catalán del que nadie quiere hablar en una campaña electoral donde los secesionistas se atrincheran en posiciones irreductibles lo que anuncia que la crisis política y económica catalana va a perdurar en los próximos años.

Las últimas encuestas electorales sobre las elecciones del 21-D mantienen el dominio de los partidos golpistas, cómo se aprecia en el sondeo recién publicado por El Periódico donde se estrechan los márgenes entre ERC, C’s, PSC (con la ayuda de Unió) y PDeCAT que renace con Puigdemont.

Lo que confirma la sospecha de que la fecha elegida por el Gobierno de Rajoy fue demasiado prematura por la proximidad de las acciones judiciales imparables -con sus consecuencias carcelarias y fuga de Puigdemont- y la  fecha electoral que Rajoy había pactado con Sánchez y Rivera y que en un principio creyeron idónea lo que no ha sido verdad por varios motivos.

Porque el Gobierno no tiene tiempo suficiente para investigar lo ocurrido en la Generalitat; porque la tensión secesionista ha crecido por causa de la fuga de Puigdemont y la entrada en prisión de sus ex consejeros; y porque el alto coste económico y social del intento de independencia todavía no llegó con claridad a la ciudadanía catalana que lo empezará a sufrir a partir de meses venideros.

El fracaso de Barcelona ante la UE en la Agencia del Medicamento es desde luego una indiscutible señal, como lo sería en el grado máximo la salida de Messi del Barça ante la inseguridad jurídica catalana, la inestabilidad social y política y el riesgo de que el Barça sea expulsado de la Liga y la Champion.

De manera estamos ante un que bloqueo político en el horizonte electoral con el riesgo de que el secesionismo vuelva a la Generalitat lo que traerá destrozos económicos en cadena. Y como única gran incógnita de estas elecciones, que ahora se antojan prematuras, será el saber cuántos votos sumarán los independentistas y cuantos serán los que están a favor de la unidad de España.

Sin duda un plebiscito simulado de alto riesgo por la tensión que se vive en el debate catalán. La que había sido menor si los comicios se hubieran planteado en la primavera con las aguas más tranquilas y el horizonte más despejado para favorecer una reflexión más sosegada y realista antes de votar.

Pero el Gobierno de Rajoy no tenía las ideas muy claras cuando dio la fecha del 21-D para diluir así el impacto del 155 y estaba presionado por el PSOE que no quería prolongar la intervención de la Generalitat y ahora ya estamos inmersos en la carrera electoral que vistos los sondeos es para preocupar salvo sorpresa como lo sería un ataque de sensatez y de auto defensa del pueblo catalán.