Artur Mas, el inductor del golpe

Artur Mas es el inductor y pieza fundamental en ‘la organización’ para delinquir y proclamar la independencia de Cataluña de la que habla la juez Lamela en el auto de prisión de Junqueras y siete ex consejeros de la Generalitat.

A las puertas de la Audiencia Nacional estaba, consciente de su autoría y de su responsabilidad, el ex presidente de la Generalitat Artur Mas amenazando al mundo entero con ‘un incendio mayor’ de la crisis de Cataluña -¿acaso con violencia?- si se echaba ‘gasolina y leña al fuego’, es decir si Oriol Junqueras y sus ‘siete enanitos’ consejeros entraban en prisión como finalmente ocurrió.

Lo cierto es que cuando Puigdemont sus prófugos acompañantes estén ante la Justicia camino de la cárcel, Mas será el único de la trama –en la que también estaban los ‘Jordis’ Sánchez y Cuixart que permanezca en libertad, gracias a su inhabilitación que le impide presentarse como el cabeza de lista del PDeCAT en las elecciones del 21-D, y gracias a que la CUP lo vetó de presidente de la Generalitat tras los comicios de 2015.

Pero Mas sigue siendo el gran inductor del golpe de Estado catalán y la persona que ha envenenado en Cataluña la relación entre el mundo de la economía y las finanzas con la trama golpista y también con medios de comunicación catalanes como La Vanguardia que, a estas alturas del desastre, sigue con su cantinela de dialogo con los golpistas y dice que los encarcelamientos los favorecen electoralmente, lo que no es cierto ni mucho menos.

Desconociendo el periódico que tanto daño hizo a Cataluña y España que la juez Lamela no actúa ni puede hacerlo con cálculos políticos y que lo que será determinante en los resultados del 21-D no será la política sino el gran desastre económico que invade a la sociedad de Cataluña por culpa de Mas, Junqueras y Puigdemont.

Mas ha mentido a todo el mundo diciendo que la independencia era política (en España y Europa) y económicamente viable, como mintió con el ‘España nos roba’ y el déficit fiscal como se ha demostrado y lo han conocido directamente el conjunto de los catalanes.

E, indignado por el veto de la CUP a su presidencia en Cataluña, Mas decidió convertir su fracaso en furia contra España sin entender que estaba destruyendo la convivencia en Cataluña, facilitando el 155 y arruinando el país con un relato fantasmagórico de un ‘procés’ fuera de la Ley y la realidad que está acabando en un completo fracaso.

Un Mas que ha conducido a prisión a los autores ‘materiales’ del golpe (lo que se completará con la caza de Puigdemont y sus otros cuatro prófugos) y que, finalmente, ha destruido el PDeCAT camino de unas elecciones donde ya veremos cómo concurre la antigua Gonvergencia y si no se produce una ruptura interna y una escisión en pos de un sector autónomo que se presente a las elecciones al margen de quienes aún siguen con el proyecto independentista que nunca prosperará porque tiene el artículo 155 sobre su cabeza.

Lo asombroso de los golpistas es su ceguera sobre la realidad española, europea y catalana, su incapacidad para preparar una estructura para la independencia –que además era técnica y legalmente imposible- y su demencial pretensión de lograr una negociación de los golpistas con el Estado, cuando su único activo era las movilizaciones callejeras de ANC, Ómnium y la CUP.

Una fachada de ruido y conflictividad social tras la que no existía nada concreto por otra cosa detrás y que ha provocado, entre otras cosas, la imagen de un enorme caos político en Cataluña dañando así el turismo, el comercio, las inversiones y dando pie a la fuga de 2.000 empresas.

De todo esto tiene la mayor responsabilidad Artur Mas como inductor y artífice de la estrategia del golpe de Estado catalán, en el que a buen seguro habrá colaborado desde su cubil de corrupto y defraudador el que fue su padrino Jordi Pujol. Un Mas que en los comicios catalanes de 2010, hace tan solo siete años, logró con CiU 62 escaños del Parlament, mientras que ahora los sondeos más favorables ofrecen al PDeCAT 18 escaños, lo que supone una pérdida del ¡70 %! de sus diputados, lo que da una idea de ‘la astucia’ política de la que presume Mas.