Hay pruebas flagrantes de sedición

A Artur Mas, que es el padre de este monstruito (en pleno Halloween) de la política que ha resultado ser Puigdemont, le gustaba compararse con Martin Luther King, Mandela y hasta con Moisés. Pero el truco de la vara con la que Moisés partió en dos las aguas del Mar Rojo a Mas solo le ha durado unas  horas y el mar se cerró antes de que ‘su pueblo’ llegara a la península del Sinaí.

Y hoy estarán todos los jefes de las tribus ante la Justicia, excepción hecha del pillo de Puigdemont que se fugó a Bruselas dejando a todos sus ex compañeros del Govern y el Parlament a los pies de esa diosa que tiene una venda en los ojos y una balanza y una espada en cada una de sus manos.

Lo de Puigdemont saliendo de manera clandestina de España constituye una vergüenza para Cataluña porque un ex presidente de la Generalitat no puede actuar como un vulgar ladrón, que a lo mejor también es Puigdemont por malversación de fondos públicos. Bastaba que Puigdemont hubiera ido a Bruselas en avión desde el aeropuerto del Prat y en la compañía de su séquito para anunciar una rueda de prensa internacional en la capital de la UE, como luego ocurrió.

Pero Puigdemont ya tenía la mentalidad de delincuente, le encanta dar sorpresas a la policía y el CNI y sobre todo ya tenía planeado huir de la Justicia, lo que se confirmará hoy mismo si no comparece ante la juez Carmen Lamela que lo ha citado a declarar en la Audiencia Nacional.

Puigdemont es, pues, un prófugo y un payaso al que le gusta mucho jugar al escondite. Pero poniendo en peligro a sus ex compañeros de fuga porque con sus declaraciones y actuaciones le está diciendo a la juez que mande a prisión a Junqueras y al resto de su ex govern porque el riesgo de fuga -ante las altas penas a las que podrían ser condenados- existe como lo demuestra el prófugo Puigdemont.

Y también porque Puigdemont declaró en Bruselas que el Gobierno catalán sigue en funciones -también lo ha reiterado Junqueras en el NYT- con lo que el delito continúa vigente y aumenta con la usurpación de funciones. Y está claro que persiste el peligro de destrucción y ocultación de pruebas. Y que los delitos que se imputan a todos ellos son muchos más graves que los de las Jordis, porque cuando se declaró la República en el Parlament la Cámara estaba rodeada por un ‘tumulto’ de vociferantes en favor de la sedición.

Luego hay delito de sedición (y malversación, prevaricación, desobediencia y usurpación de funciones, y en el caso de Puigdemont fuga y desacato a la Justicia) y todo ello merece medidas cautelares de prisión. Y que se cuide la Fiscalía del Estado de recular por motivos electorales o de otro tipo porque si el Estado recula Puigdemont se crecerá y dirá que no se atreven con él ni con su ex govern.

Y lo mismo pasará si no se aplica la sedición y otros delitos a Forcadell que fue una pública agitadora de tumultos en contra de la legalidad, el Estatuto -que ella misma pisoteo en el Parlament- y también contra la Constitución. Y todo ello mofándose de las decisiones del Tribunal Constitucional.

Hoy veremos a todos estos golpistas negando todo y dando excusas por doquier. Máxime cuando ven que su ‘capitán’ se ha fugado del barco a la vista de los acantilados y ha dejado a sus oficiales y tripulación al frente del naufragio.  Puigdemont debió quedarse en el puente de mando hasta el final y declararse ante el juez como único responsable del golpe de Estado para intentar salvar a sus oficiales del hundimiento general en el que todos ellos están. Pero Puigdemont, además de ser un cobarde, ha demostrado que no tiene dignidad. Es un prófugo que tarde o temprano caerá.