Junqueras y Puigdemont sabían que la DUI era inviable

Al final y conforme se vaya conociendo la verdad y recomponiendo este rompecabezas absurdo del desafío catalán llegaremos a la conclusión de que Junqueras y Puigdemont se han lanzado a la independencia no para que prospere sino para que el ruido político oculte que esa pretensión era absolutamente inviable y que ellos los sabían desde hace tiempo.

Y no sólo por la fuerza del Estado, la falta de apoyos internacionales y la fuga masiva de empresas, lo que estaba a la vista y alcance de todo el mundo -salvo de los fanáticos- sino porque los planes que habían previsto Puigdemont y Junqueras eran una chapuza monumental e imposible de gestionar. Por eso en la partida que han perdido con el Estado jugaban de farol y sin cartas, a ver si alguien les regalaba una negociación y lograban aparentar un empate cuando en realidad no tenían nada para negociar.

Luego la declaración de independencia fue una fuga desesperada hacia delante de Junqueras y Puigdemont que no se atrevieron a decir a los suyos que todo estaba perdido y que no había nada que hacer. Y los lanzaron a las calles como escudos humanos de dos grandes impostores, a lomos de una euforia pasajera y camino de una enorme frustración que pronto llegará.

Así se prueba en las grabaciones -publicadas por ‘La Vanguardia’- que un juez ordenó en los teléfonos del Secretario de Hacienda de la Generalitat y brazo derecho de Junqueras Josep Lluís Salvadó quien, semanas antes del golpe, dice: ‘la cosa está muy verde, no hay capacidad, Junqueras no ha preparado la independencia, me da pánico decir las cosas como son…’.

De lo que se desprende que Junqueras y Puigdemont (ahora distanciados y puede que enfrentados) eran unos golpistas de pacotilla. Unos aprendices de brujo sin brujería que han engañado completamente a sus seguidores y que ahora simulan resistencia al control de la Generalitat por parte de Rajoy para evitar que se descubra que detrás la fachada de su independencia no había nada salvo una gran mentira.

Por ello el ya ex presidente Puigdemont, que sabe que está perdido, intenta simular que sigue al mando de la Generalitat. Cargo del que fue cesado por el Presidente Rajoy, a igual que Junqueras y todo en Govern, en virtud de las facultades y el mandato que al presidente del Gobierno de España le otorga en Cataluña el artículo 155 de la Constitución.

Puigdemont dice que aguanta pero su entorno se empieza a desmoronar. El mayor Trapero de los Mossos ha anunciado públicamente que acata su cese por el Ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, y pide respeto y lealtad a su sucesor Ferrand Lopez. Y en los primeros días de la semana entrante vamos a ver deserciones a granel en los gabinetes de Puigdemont y Junqueras —disueltos por Rajoy- como entre los destituidos embajadores catalanes de Romeva o los asesores y altos cargos de la Generalitat.

Porque en el caso de desobediencia o resistencia al nuevo gobierno catalán, que coordina la vicepresidenta Sáenz Santamaría, Puigdemont, Junqueras, los que eran consejeros de su Govern y los funcionarios y asesores que los apoyen serán acusados del delito de ‘usurpación de funciones’. El que se añadirá a los de desobediencia, prevaricación, malversación y sedición. Y por supuesto no cobrarán un euro y deberán empezar a contratar abogados porque los van a necesitar.

Por el momento Puigdemont y Junqueras dicen que no acatan las órdenes del Gobierno de Rajoy y la nueva Generalitat, veremos lo que aguantan en tan incómoda posición.

De momento los Mossos han empezado a retirar la escolta a los consejeros cesados, lo que constituye una inequívoca señal de por dónde van las cosas y de lo que puede pasar con esta extraña pareja que avanza con dificultad sobre un alambre enjabonado que pronto se puede quebrar y que los hará caer en manos de la Justicia de donde, visto yodo lo ocurrido y lo que está por desvelar, difícilmente podrán escapar.