Los golpistas derrocados y hundidos en su trampa

Los golpistas catalanes que lideran Puigdemont y Junqueras saltaron ayer al vacío del precipicio catalán cogidos de la mano y cantando Els Segadors. Aún les quedan unas horas o puede que algún día de cierta euforia pero el golpe que se darán contra el marmóreo suelo de la legalidad y la realidad no hay quien lo pare. Y todos ellos, ya cesados, tendrán que comparecer ante la Justicia como imputados por el delito de sedición, entre otros.

Puigdemont ya no es el Presidente de la Generalitat, ni Junqueras es su vicepresidente ni existe el Govern porque todos ellos han sido cesados en el día de ayer por el Presidente Rajoy quien, de acuerdo con las facultades que le otorga el artículo 155 de la Constitución, ha asumido la presidencia de la Generalitat. Y, desde ese cargo, decidió la disolución del Parlament y anunció la convocatoria de elecciones en Cataluña para el 21 de diciembre.

Y todo ello ha ocurrido a la velocidad del rayo, tras la reunión urgente del Consejo de Ministros y una vez que el Senado aprobó la puesta en marcha del artículo 155 de la Constitución, minutos después que en el Parlament se proclamara la independencia unilateral de Cataluña violando la legalidad, del Estatuto, la Constitución, las decisiones del Tribunal Constitucional y el informe de los servicios jurídicos la Cámara.

Un golpe de Estado consumado bajo la responsabilidad del presidente de la Generalitat, Puigdemont, su Govern, la presidenta del Parlament, Forcadell, miembros de la Mesa de la Cámara y diputados que aprobaron la propuesta ilegal que les fue presentada por el Grupo parlamentario ‘Juntos por el si’.

Una decisión urdida sobre la base de una ilegal Ley de Transitoriedad (suspendida por el TC) y en base al presunto resultado del referéndum del 1-0 (suspendido por el TC) y celebrado sin garantías democráticas. Una cita donde los golpistas no alcanzaron una mayoría favorable del conjunto los electores catalanes (unos 2.220.000 votos según los convocantes y sin pruebas de ello) que superan los 5.500.000 de ciudadanos inscritos en el censo catalán.

Semejante disparate histórico solo ha permanecido vigente pocas horas (ya ocurrió con otras declaraciones similares de Maciá y Companys) porque el Gobierno de España, sin suspender la Autonomía, ha tomado el mando en Cataluña y ha destituido a los golpistas, disuelto el Parlament y convocado elecciones autonómicas para el próximo día 21 de diciembre.

Estamos ante la mayor crisis política de la Transición desde el golpe de Estado del 23-F de 1981, con otro golpe de Estado perpetrado desde las instituciones que el Estado tiene en Cataluña. Un golpe, rechazado por todos los gobiernos democráticos del planeta, que ya está siendo abortado y ante el que se hace más necesaria que nunca la unidad de los partidos democráticos y constitucionales del país, empezando por el PP, PSOE y C’s, para apoyar sin concesión la respuesta del Estado a los golpistas.

Los que nunca más, ni sus seguidores, podrán intentar otra asonada similar  porque el Estado ya está alertado y lo impedirá. Y porque la gran mayoría de los ciudadanos de Cataluña han visto y comprobado el desastre al que los llevaron los nacionalistas y secesionistas de Puigdemont y Junqueras con las mentiras y promesas fallidas de las que alardearon para justificar su desvarío y destrozos en el territorio catalán.

Nunca más podrán vulnerar la legalidad, ni argumentar que tienen el apoyo europeo e internacional, ni podrán decir que la independencia garantiza la viabilidad de su pretendido Estado, ni afirmar que el empresariado catalán no abandonará el territorio porque los hechos han desmontado la falacia de los golpistas.

Naturalmente se anuncian días tensos y difíciles para Cataluña pero hay que saber que los golpistas -sobre los que caerá todo el peso de la ley- están acabados. Y que, por más que se resistan a entregar el poder, al final lo perderán y no tendrán más remedio que comparecer ante los tribunales, por mucho que se escondan tras sus movilizaciones callejeras.

Finalmente también podemos decir en estos tensos y graves momentos que, a pesar del golpe consumado, ha sido mucho mejor para Cataluña y para España que los golpistas se hayan lanzado al precipicio de una vez en lugar de mantener vivo el golpe y la confusión. Que es lo que pretendieron unos falsos mediadores para  bordear la legalidad con un intento -ya  fallido- de convocatoria de elecciones autonómicas por parte de Puigdemont.

El golpe fue consumado y en pocas horas política y legalmente abortado, aunque habrá que poner en práctica y hacer efectivas las decisiones del Gobierno de España en Cataluña pero estas finalmente llegarán. El Estado ya está en marcha en defensa de la Constitución, de la unidad de España, la legalidad y de la Autonomía de Cataluña y nada ni nadie lo frenará.