Así fue el último espectáculo de Puigdemont

En el circo de tres pistas en el que se ha convertido la política catalana ayer asistimos a uno de los espectáculos más grotescos nunca visto. Un número de esos que hacen las delicias de los menores por los tropiezos que se da el artista de la risa y las sonoras bofetadas -simbólicas por supuesto- que se lleva de sus compañeros del espectáculo.

Así en la madrugada de ayer y tras una maratoniana reunión nocturna donde estaban todos la actores de la comedia de la secesión, presididos por el gran Puigdemont y su amigo Junqueras -quien por cierto se está llevando una buena ración de garrotazos por la fuga de empresas que él negó-, se abrió el debate final sobre si proclamar o no la independencia catalana en presencia de varios consejeros (Vila blandiendo su dimisión) y dirigentes del  PDeCAT, ERC, CUP, ANC y Omnium (el club de los poetas ciegos).

Y hete aquí que al amanecer un Puigdemont henchido de ardor republicano zanjó la discusión y dijo a sus contertulios: ¡vamos a la independencia! por más que nos caiga encima el artículo 155 (el número más reclamado este año para la lotería de Navidad) y acabemos todos con los ‘Jordis’ en prisión. Y entonces se desató la euforia, se cantó Els Segadors, y en redes sociales la noticia de la imparable independencia corrió como un reguero de pólvora encendida.

Y cabe imaginar que Rajoy le mandó un mensaje a Sánchez que decía: ¿lo ves? con estos no hay nada que hacer. Pero Sánchez ya había puesto en marcha su negociación secreta con Urkullu, Iceta y puede que un monje de Moserrat y habían establecido un doble contacto con la Generalitat y la Moncloa a través de la presidenta del Congreso, Ana Pastor. El canje de prisioneros que se ofrecía era: Puigdemont convoca las elecciones autonómicas y renuncia a la independencia; y Rajoy no aplica el artículo 155 de la Constitución.

A media mañana de este pasado jueves ambas partes convenidas le habían dicho ‘sí’ a los mediadores y Urkullu sonreía convencido de que la crisis de Cataluña llegaba a su fin. E inmediatamente después en internet saltó él notición: ‘el presidente Puigdemont hará a las 12,30 horas desde el Palacio de la Generalitat, una declaración anunciando la disolución del Parlament y la convocatoria de elecciones autonómicas para el día 20 de diciembre’.

Mucho ruido y desconcierto en las bases secesionistas que ya rodeaban la Generalitat y empezaban a llamar ‘traidor’ a Puigdemont (‘Judas’ lo llamó el Rufián). Pero de pronto tres comunicados oficiales: Puigdemont hablará a las 13.30 horas; Puigdemont hablará a las 14,30 horas; y finalmente otro vuelco, Puigdemont hablará a las 17.00 horas y luego acudirá al debate convocado en el Patlament.

Y por fin a la muy torera hora de las 5 en punto de la tarde Puigdemont habló y, de forma sorprendente, cambió el discurso que había pactado con Urkullu y declaró: ‘yo estaba dispuesto a un adelanto electoral si el Gobierno retiraba el 155 pero Rajoy ha dicho que no retira nada y entonces la decisión final entre elecciones o independencia queda en manos del Parlament’.

Los negociadores lloraban desconsolados y los secesionistas volvían a sonreír pero sin fiarse un pelo de Puigdemont que se fue al Parlament con cara de absoluto desconcierto y sin hablarse con Junqueras, porque en tan solo cinco horas había pasado de la independencia a las elecciones y al final  ya no sabía ni dónde estaba ni hacia dónde caminaba. Y por si fuera poco la diputada Arrimadas de C’s le leyó a Puigdemont la cartilla de la A a la Z, y todo lo que afirmó la diputada era cierto y estaba cargada de razón.

¿Que había pasado entre las 12 horas de la mañana y las 17 horas de la tarde?. Pues que Rajoy le habría hecho saber al negociador que en el caso de que Puigdemont convocará elecciones el Senado aprobaría el 155 pero no lo aplicaría de forma inmediata aunque quedaría pendiente de una crin de caballo sobre la cabeza de Puigdemont cual espada de Damocles, por si los golpistas volvían a pisar la raya de la legalidad.

Pero esa espada amenazante no gustó a Puigdemont quien además añadió a última hora otra petición: que los ‘Jordis’ Sánchez y Cruixart salieran de prisión antes de las elecciones. Y ante semejante intromisión en áreas de la Justicia y sabedor Rajoy de que toda España le llamaría ‘traidor’ -como los de la CUP y ERC a Puigdemont- en la Moncloa resonó un enorme NO a la fuga carcelaria de los ‘Jordis’.

Y así estaban las cosas en la noche de ayer cuando los negociadores de una y otra parte volvieron a retomar el hilo de la conversación porque hoy por la mañana en el Senado y en el Parlament, de manera simultánea, se tomarán las decisiones finales.

Y puede incluso que los dos, Rajoy y Puigdemont, se equivoquen si pactan la convocatoria por el catalán de las elecciones autonómicas, y a la vez el Presidente español aprueba en el Senado el 155 y, acto seguido, lo mete en el congelador.

Porque si esto ocurre los secesionistas no se lo perdonarán a Puigdemont y los españolistas tampoco a Rajoy. El pueblo y los votantes de una y otra parte quieren ver en este gran circo catalán a sus líderes respectivos, Rajoy y Puigdemont, haciendo desde el trapecio (en buen homenaje a Pinito del Oro que acaba de morir) y sobre la jaula de los leones el triple salto mortal.

¿Se atreverán a tanto? Parece demasiado tarde para rectificar y cada uno debería seguir su camino sin más concesiones. Y sobre todo Rajoy porque los golpistas no pueden seguir en la Generalitat a cambio de elecciones, han infringido la ley deben pagar por ello y no son de fiar. Luego mejor el 155 sin suspensiones y Puigdemont a los leones porque cuando se lance al vacío ni siquiera los suyos lo recogerán.