Los secretos del magnicidio de John F. Kennedy

Mañana el presidente de los Estados Unidos Donald Trump desclasifica y hará públicos todos los documentos (o casi todos) secretos durante 25 años relativos al magnicidio del presidente John F. Kennedy, asesinado en Dallas por Le H. Oswald el 22 de noviembre de 1963. Una apertura de documentos que es esperada en USA como un acontecimiento político y mediático de primer nivel nacional e internacional.

Y no sólo por los misterios que aún encierra el crimen sino también por la extraordinaria personalidad de Kennedy y la tragedia que embargó y se prolongó en su familia y descendientes. Y sobre todo porque, y esa es la gran diferencia con el gran presidente Lincoln -también asesinado-, John F. Kennedy ya era reconocido como el hombre más poderoso de su tiempo.

El pasado sábado se reunieron en Texas cinco ex presidentes de los EEUU para asistir a un concierto encaminado a recaudar fondos para ayudar a los damnificados de los huracanes que han diezmado en las pasadas semanas varias poblaciones americanas.

Sin corbata, casi todos con el pelo blanco y G. Bush padre en silla de ruedas y acompañado por su hijo Bush JR., Obama, Carter y Clinton, los últimos cinco habitantes de La Casa Blanca -a los que se sumó desde la distancia el Presidente Trump- aportaron con su presencia prestigio al concierto desde su actual posición de ex presidentes de la primera potencia del mundial.

El ‘imperio’, pero todos ellos ya sin la pompa, el poder y la prestancia que da la presidencia de los Estados Unidos a su primer mandatario, que en el caso de Trump no luce como debiera por los disparates y extravagancia del actual  inquilino de La Casa Blanca.

Está claro que la magia de La Casa Blanca y su enorme poder convierte al presidente USA en un semidiós pero si además el Presidente cuenta con la aureola de una adinerada y poderosa familia del Este de USA como eran los Kennedy, y con una primera dama glamurosa y atractiva cono Jackie, en ese caso la primera residencia de la Avenida Pensilvania de Washington más que La Casa Blanca parecía en ocasiones como ya se ha descrito, un moderno Camelot.

Y un fulgurante centro de poder por la victoria que el Presidente John F. Kennedy alcanzó en plena ‘guerra fría’ sobre la URSS de Nikita Kruschov en 1962 durante la crisis de los misiles rusos instalados en Cuba que Moscú tuvo que retirar ante la decidida amenaza de Kennedy de atacar e invadir la isla en la que gobernaba Fidel.

Pero he aquí que, en pleno esplendor de la presidencia de Kennedy y tras su victoria en el desafío de los misiles cubanos, Le Harvey Oswald un asesino solitario o un agente secreto de Cuba y la URSS, o incluso un sicario a las órdenes de la mafia o de oscuros intereses económicos, mató al Presidente Kennedy durante su visita oficial a Dallas el 22 de noviembre de 1963.

Y, a partir de ese momento, se abrió el gran debate sobre si Oswald era un  ‘lobo solitario’ o la mano criminal de una secreta conspiración. Y a no olvidar que el hermano del presidente y ex fiscal general de USA, Bob Kennedy, fue asesinado cinco años después en 1968.

La Comisión Warren que investigó el crimen de Kennedy dictaminó en 1964 que Oswald actuó en solitario y que no hubo conspiración. Pero las dudas permanecen y muchos de los incrédulos esperan encontrar entre los cientos de informes que ahora se van a desclasificar datos nuevos y reveladores que permitan abrir una nueva investigación sobre la presunta conspiración, que si la hubo, Oswald se llevó a su tumba al ser asesinado -dos días después del crimen de Kennedy y de una manera harto sospechosa- por un mafioso llamado Rudy ante la llamativa incompetencia de la policía de Dallas que no impidió semejante actuación.