Blog de Pablo Sebastián. Presidente y fundador del diario de internet Republica.com

La patética estrategia de Puigdemont

puigdemont311_recortada

A Puigdemont le quedan 24 horas para responder al segundo requerimiento de Rajoy para decidir si proclama o no la independencia catalana y todavía no sabe qué hacer, ni cómo, ni cuándo mientras sus seguidores regresan a las calles para protestar contra el encarcelamiento merecido de los ‘Jordis’ de Omniun y la ANC.

Un clamor inútil y desesperado que no deja a Puigdemont más salida que proclamar la independencia si no quiere que su tripulación lo cuelgue del palo mayor de ese buque fantasma en el que se ha convertido la Generalitat y donde sus portavoces anuncian que no habrá ‘rendición’. Una palabra que por fin planea sobre el gobierno catalán, donde crece el estupor por la imparable fuga de empresas catalanas (hasta la lotería de ‘La Bruja de Oro’ que se marcha Del Valle de Arán) que ya son más de setecientas.

Y asombroso resulta que este Puigdemont, confuso y acobardado, respete el calendario de Rajoy en vez de anunciar por su cuenta ante los catalanes y sin perder un minuto más el sentido de su decisión final. Pero ¿por qué agota los plazos?

Pues porque sabe y teme Puigdemont que cuando exista la constancia de su decisión en favor de la declaración de la independencia catalana en el Parlament, el Presidente Rajoy activará el artículo 155 de la Constitución y el Tribunal Constitucional podrá, aplicando su artículo 92, suspender de sus funciones a Puigdemont, su gobierno y Forcadell quedando todos ellos sin aforamiento y a merced de la Justicia.

De igual manera se espera que Rajoy, llegado el momento, active la Ley de Seguridad Ciudadana para poner a los Mossos bajo las órdenes directas del ministerio de Interior, porque esta policía catalana que ya ha desobedecido las órdenes de un juez y que aplaude al mayor Trapero a su regreso de la Audiencia Nacional se está convirtiendo en un peligro que el Gobierno debe controlar de manera implacable. Porque existe riesgo de un enfrentamiento civil en las calles si los independentistas radicales inician actos de violencia y los Mossos, como en el referéndum del 1-O, los secundan o se ponen de perfil.

Es la hora de Puigdemont pero también es la hora de Rajoy, por más que a uno y al otro les cueste tomar las decisiones cruciales y definitivas en este final de la partida que una y otra parte pretenden prolongar hasta su último movimiento antes que el catalán, que está asediado por las fichas blancas, tumbe sobre el tablero su negro rey.

Sobre el autor de esta publicación