Blog de Pablo Sebastián. Presidente y fundador del diario de internet Republica.com

Artur Mas ve venir la derrota

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El pasado martes 10 cuando Puigdemont hizo ante el Parlament aquella confusa y acobardada declaración de independencia de Cataluña, Artur Mas al terminar la sesión se quedó sentado y cabizbajo en la tribuna de invitados adonde fue a rescatarlo Puigdemont con una palmadita en la espalda. Poco antes Mas había declarado al diario Financial Times que Cataluña no estaba preparada para la independencia y ayer afirmó que si no existe un reconocimiento internacional no habrá independencia.

Las palabras de Mas han caído como un jarro de agua helada en el seno de la Generalitat donde se suceden reuniones secretas para debatir sobre la respuesta que Puigdemont deberá dar el lunes al requerimiento de Rajoy. Y parece claro que tanto la CUP como parte de ERC (Junqueras duda) o de la ANC y Omnion están a favor de decir ‘sí’ y confirmar la declaración de la independencia de Cataluña.

Pero a Puigdemont le tiemblan las piernas porque de lo contrario él ya habría aclarado su respuesta ante los catalanes y no esperaría al lunes para darle la exclusiva a Rajoy y puede que con un texto confuso para su última burla a la legalidad.

Si Puigdemont no fuera, además de un golpista un cobarde, ya habría proclamado el pasado martes la independencia catalana con gallardía y sin trucos ni suspensiones de ningún tipo. Pero da la impresión que tanto él como su gobierno están asustados por las consecuencias judiciales y penales que les van a caer encima, y de las que pueden recibir un adelanto cuando ese mismo lunes regresen a la Audiencia Nacional para declarar el mayor de los Mossos, Trapero, y los agitadores del golpe de Estado, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart.

El presidente Puigdemont está al final de la escapada, teme a la Justicia y sabe que si le aplican el artículo 155 de la Constitución y el Gobierno de Rajoy asume las competencias de la Generalitat además de perder el poder autonómico el Gobierno español encontrará en esas estancias las pruebas de los delitos y del gran fraude del referéndum del 1-O.

Y todo ello mientras una escalofriante frustración empieza a invadir las filas secesionistas y a dividir el frente rupturista al que no le queda más salida que la convocatoria de elecciones catalanas anticipadas y cuando antes mejor.

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