¿Está en marcha una negociación secreta sobre Cataluña?

Ni Puigdemont confirma ni desmiente que declarará la independencia el martes 10 en su anunciada comparecencia en el Parlament, ni Rajoy hace nada para impedir esa eventualidad o anunciar lo que haría el Gobierno en caso de confirmase la declaración de independencia de Cataluña.

De hecho, Puigdemont había anunciado antes del 1-O que el 3 de octubre proclamaría la independencia y luego lo aplazó con la excusa sospechosa del recuento de los votos. Y este aplazamiento y el silencio de Rajoy -a pesar del discurso del Rey- hacen pensar que podría estar en marcha una negociación secreta entre el Gobierno de España y la Generalitat.

Sin embargo, y mientras eso se confirma o se desmiente, las cosas están así: CaixaBank traslada su sede a Valencia, Banco Sabadell a Alicante, Gas Natural a Madrid y otras grandes empresas catalanas como Freixenet o Codorníu están haciendo las maletas. Sin embargo, la salida de depósitos bancarios de las entidades catalanas continúa y en el seno del Banco de España y del BCE crece la preocupación y se estudian posibles medidas. Mientras tanto, el FMI advierte del impacto negativo en la economía española de la crisis catalana.

Una crisis que entra en la recta final sin que por el momento el Gobierno de Mariano Rajoy (que ayer dijo a Albert Rivera que no aplicará el artículo 155 de la Constitución) haya tomado una sola decisión ejecutiva para ‘restaurar el orden constitucional’, lo que exigió el rey Felipe VI en su discurso a la nación.

Al tiempo, desde el primer partido de la oposición, el PSOE, su portavoz Óscar Puente ha descalificado a los exdirigentes y exministros socialistas que han pedido a Pedro Sánchez que no pida negociación con Puigdemont ni recuse a la vicepresidenta del Gobierno, llegando a decir de todos ellos que ‘son unas reliquias que carecen de autoridad moral’, lo que provocará una mayor contestación en el PSOE contra Sánchez.

Un malestar creciente que se repite en el PP de manera soterrada por culpa del inmovilismo de un Rajoy que prometió que no habría referéndum el 1-O y sí lo hubo, aunque sin las garantías democráticas como ocurrió durante la Consulta del 9-N en 2014.

Y una parálisis la del presidente del Gobierno adornada por un silencio que aumenta la preocupación porque son muchos los analistas que consideran que Rajoy no sabe qué hacer ni se atreve a hacer nada. Al menos por ahora lo que anuncia que no tomará medida alguna para impedir a Puigdemont que proclame la independencia desde la presidencia de la Generalitat y, si ello se produce, entonces actuará.

Por lo que Rajoy vuelve a eludir sus responsabilidades constitucionales o al menos las retrasa -existen rumores de negociaciones secretas- hasta que mueva ficha Puigdemont.

Pero mientras tanto sin explicar Rajoy nada ni a nadie en España sobre lo que puede pasar la semana próxima si el martes Puigdemont declara la independencia de Cataluña y si en ese momento responderá el Gobierno de la nación. De ahí que el malestar general crezca en España y en el PP con la sospecha incluida de que Rajoy piensa que su Gobierno no está preparado para justificar legalmente la utilización del artículo 155, ni para gestionar las consecuencias de esa aplicación.

Lo que aumenta en España la desazón y la preocupación y no sólo por la marcha imparable del desafío catalán sino también por la falta de firmeza y de capacidad decisiva y de gestión -como se vio el 1-O- del Gobierno de Rajoy y la deslealtad que emana desde la dirección del PSOE.