Guardia Civil y Policías Nacionales, solos ante el peligro

Unos pocos miles de miembros de la Guardia Civil y la Policía Nacional (no más de 10.000) velarán hoy en Cataluña por el cumplimiento de la legalidad, a las órdenes de la la juez Mercedes Armas del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, en defensa de la unidad de España, la Constitución, el Estatut y la legalidad.

Y a nadie del Gobierno de Mariano Rajoy se le ha ocurrido ir a visitarlos y a darles amparo político y moral en Barcelona en las últimas horas previas a un desafió en el que ellos saben que se enfrentan a una multitud y una difícil misión frente a los agitadores del golpismo, algunos de ellos violentos y muy capaces de movilizar a un millón de personas para que las Fuerzas de Seguridad se queden en la proporción de uno contra cien y con escasez de movilidad.

Del éxito de estos agentes de la seguridad nacional van a depender, en las próximas horas, muchas cosas que seguramente se habrían evitado si tanto el Gobierno como el Tribunal Constitucional hubieran tomado las decisiones que debían de haber adoptado (suspensión en sus cargos de Puigdemont, su Gobierno, Forcadell y quienes la apoyan en el Parlament) por descarada y reiterada desobediencia al TC y los delitos de malversación, prevaricación y sedición.

Lo que tenían que haber exigido y apoyado Pedro Sánchez y Albert Rivera desde la oposición, en vez de jugar al imposible juego de proporcionalidad con quien ya ha destrozado todas las lineas rojas de la Ley y la Constitución.

Pero el Gobierno y el TC se han puesto a resguardo y ahora ya sólo queda esperar a ver qué pasa. Y si hay referéndum, por pintoresco que sea (sin el censo, papeletas homologadas, mesas de votación, urnas homologadas y sin Junta Electoral ni cobertura legal), habrá perdido su apuesta. Y si los que aspiran a votar son más pocos -los golpistas se conforman con un millón del total de más de cinco millones del censo- y además no logran hacerlo en un porcentaje importante y verificable será Puigdemont el fracasado. Aunque da la impresión que ambos se conformarían con un empate. ‘Ni vencedores ni vencidos’ como propuso Sánchez.

Luego vendrá el día después del que tanto hablan quienes han escurrido el bulto ante la magnitud de la deslealtad y el desafío al Estado violentando la Ley, el Estatut y la Constitución y desobedecido el mandato del TC. Los que desde una interesada ‘equidistancia’ como la del PSOE porque lo más que dijeron es que no hay que ir a votar y que a partir del 2-O mucho ‘diálogo’ que es la palabra mágica bajo la que se esconden los mayores golpistas vergonzantes  de los ámbitos empresariales, financiero y de comunicación en Cataluña.

Finalmente y salvo un estrepitoso fracaso del referéndum será Puigdemont quien declare la independencia de Cataluña en un gesto que él considera heroico y que, de producirse, solo será testimonial, breve y sin la menor trascendencia política, legal e institucional.

Y entonces será el Gobierno de Rajoy y el TC quienes ya no tendrán más remedio que actuar y hacer lo que debían de haber hecho hace semanas o meses en vez de escudarse, como ocurre ahora, en unos pocos miles de miembros de las Fuerzas de Seguridad, los que sabemos que no contarán con el apoyo de los Mossos si aparecen momentos de alta tensión y que hoy están, política e institucionalmente, solos ante el peligro por más que cuentan con el apoyo de todos los españoles que mirándolos están.