El silencio del Gobierno ante la ‘algarabía’ del 1-O

Mañana domingo el gobierno de la Generalitat de Cataluña que preside Carles Puigdemont pondrá en marcha un referéndum de autodeterminación que es ilegal, ha sido suspendido por el Tribunal Constitucional y que va a escenificar la ruptura de la convivencia catalana y a culminar un desafío al  Estado con la intención de proclamar la independencia de Cataluña.

A lo largo de las últimas semanas hemos asistido a una gran movilización de los independentistas promocionada desde la presidencia de la Generalitat y del Parlament a pesar de las decisiones, prohibiciones y advertencias tanto del TC como de la Justicia ordinaria. Sin que esos mandatos y advertencias hayan sido acatados por quienes aún ocupan las instituciones catalanas y sin que el TC los haya suspendido en sus funciones como era su obligación utilizando el artículo 92 de la Ley del alto Tribunal.

Y sin que el Gobierno que preside Mariano Rajoy le haya presentado al TC un ‘incidente de ejecución’ para que está Corte suspendiera a Puigdemont y Forcadell y sus más estrechos colaboradores, que están en rebeldía y siguen al frente de instituciones del Estado desde las que pronto van a proclamar la independencia de Cataluña.

Asimismo, el Gobierno de Rajoy no ha querido aplicar el artículo 155 de la Constitución, ni hacer uso de la Ley de Seguridad Ciudadana para poner a los Mossos a las órdenes del ministerio de Interior una vez que ya han dicho que no actuarán en contra de la celebración del referéndum si hay riesgo de desorden público -el que ellos deberían impedir o repeler-, lo que constituye una desobediencia clara a la decisión de la juez Armas del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que les ordenó impedir el referéndum y cerrar los colegios electorales.

Tampoco el Ejecutivo de Rajoy ha querido imputar, por la vía de la Fiscalía,  el delito de ‘sedición’ a los gobernantes y dirigentes catalanes que jalean con ‘tumulto’ y casos de violencia (véase lo que hicieron con coches de la Guardia Civil) el referéndum y los que de momento solo están acusados de desobediencia, prevaricación y malversación, camino de multas y penas de menor cuantía.

Estamos ante la situación política más grave de la Historia reciente de España desde el golpe de Estado del 23-F y no entendemos la pasividad del Gobierno de Rajoy (ni la ambigüedad del PSOE) al no utilizar todos los mecanismos que le ofrece la legislación vigente y la Constitución lo que, en contra de lo que prometió Rajoy, va a facilitar la celebración del referéndum del 1-O aunque de manera parcial y sin garantías democráticas.

Y lo que anuncia tensiones que pueden degenerar en violencia el domingo, a sabiendas de la escasa o no colaboración de los Mossos que dejarán a la Guardia Civil y la Policía Nacional a ‘la intemperie’ y en situaciones de riesgo y vulnerabilidad. Y lo que, por supuesto y entre otras muchas cosas, incluye un golpe de Estado en Cataluña y una humillación al Estado español y a la gran mayoría de ciudadanos de este país, especialmente a los que viven en Cataluña y sufren indultos, amenazas y vejaciones de los golpistas.

Un Gobierno de Rajoy muy callado que brilla por su ausencia e inacción -ni siquiera ha organizado un sistema de comunicación sobre el 1-O, como lo tienen los secesionistas-, que no cuenta con apoyo de grandes empresarios catalanes (Fomento pide un referéndum pactado que rompa la ‘soberanía nacional’ española), ni de medios catalanes, y que se ha visto sorprendido por una declaración de la Conferencia Episcopal que coloca en el mismo plano la Constitución y lo que los obispos llaman ‘los derechos derechos de los pueblos’ de España.

El viernes, mientras los españoles están preocupados y en vilo ante lo que se nos avecina al término del Consejo de Ministros el portavoz Mendez de Vigo lo único que nos dijo es que después del 1-O el Gobierno no piensa hablar ni con Junqueras ni con a Puigdemont (sic). Y ¿eso es todo lo que Rajoy tiene que decir a los españoles en este trance? Es verdad que ya dijo que el referéndum no se va a celebrar sin decir cómo lo va a impedir y ahora tampoco dice lo que hará -si es que lo sabe- el día después del 1-O cuando Puigdemont declare la independencia de Cataluña.

Lo más que dijo Rajoy (con el aplauso tibio de Sánchez) es que la respuesta del Gobierno al golpe de Estado será “proporcional”. Es decir de poca monta y sin consecuencias importantes al menos hasta el día de hoy. Y ¿qué dice y piensa de todo esto el Rey de España Felipe VI? Tampoco se sabe, a pesar de sus responsabilidades constitucionales.

Al final y como dijo Rajoy tras la Diada de 2012 bajo la pancarta del ‘España nos roba’ da la impresión que el Presidente insiste en que la cita del 1-O es una simple ‘algarabía’ o ‘una tontería’ como declaró su amigo Donald Trump.