Querían romper España y han destrozado Cataluña

Suele ocurrir en la Historia de las grandes naciones que en los tiempos de ‘mudanzas’ e inesperadas dificultades, como las que nos ha tocado vivir en Europa con la crisis financiera de 2008, el Brexit, el terrorismo yihadista, las inagotables guerras de Oriente Próximo y las oleadas de los refugiados que luchan por su vida y dignidad, en estos tiempos revueltos suelen aparecer líderes con la talla de estadistas decididos a tomar con mano firme y buen rumbo el timón de la nave del Estado para atravesar la tormenta y llegar al buen puerto de la normalidad política y social.

En España no hemos tenido esa suerte ni aparece el estadista indiscutible, como el que en nuestras actuales circunstancias debería presidir una ‘gran coalición’ y unos nuevos ‘pactos de la Moncloa’ que cierren la Transición y abran con acierto e ilusión la nueva etapa que se empieza a dibujar.

Más bien al contrario estamos inmersos en una notable confusión donde imperan rivalidades entre dirigentes nacionales de escasa altura y en la que unos aventureros de la política catalana de poca entidad y notable ceguera decidieron que el final del bipartidismo, la abdicación del Rey Juan Carlos I, el estallido de la corrupción y los destrozos sociales de la crisis eran el caldo de cultivo idóneo para proclamar la independencia de Cataluña.

Unos actores oportunistas que siguieron las instrucciones y el sendero que les trazaron en la oscuridad y con ayuda de la corrupción (que resplandece en el caso de los Pujol) el núcleo duro elitista de la burguesía catalana. Los que en aras de un pretendido ‘sentimiento’ nacional diseñaron y financiaron el ‘proceso’ de la ruptura de España, al margen de la propia y plural realidad catalana, la legalidad, la Democracia, la Unión Europea y el Estado español.

Pero la disparatada aventura se ha encontrado frente a la realidad y muralla democrática y legal del Estado y el órdago a España se está convirtiendo en un errático boomerang que va a destrozar la convivencia Catalana y sus más emblemáticas señas de identidad. Amen de liquidar el propio Estatut como se vio en las bochornosas sesiones del parlamento catalán que dieron luz a un referéndum imposible, sin garantías y a un modelo de Constitución propio de regímenes autoritarios.

Que en la senda de los golpistas hay sentimientos nacionales honrados y en favor de la independencia de Cataluña eso es cierto pero en la base de sus argumentos actuales no existe ni una sola verdad sobre: la Historia, la UE, el Derecho Internacional, la relación (económica y política) con España, o sobre la viabilidad económica y europea del pretendido Estado catalán, basado en un arbitrario marco legal que los próceres ocultos del golpe de Estado se han sacado de una chistera y que ha resultado ser otro desafuero además de ilegal. No hay en todo ello una sola verdad.

Como tampoco es cierto que el pueblo catalán haya salido a la calle en su conjunto para la defensa de sus gobernantes por más que sí hubo miles de manifestantes que sin embargo no representan en número ni en lo social y político al conjunto de la ciudadanía catalana. Y que, en buena parte de ellos manejada por la CUP, han derivado de un pretendido proceso democrático hacia un modelo de revuelta revolucionaria de una izquierda radical que se proclama anti capitalista, anti española y anti europea.

Y con estos mimbres los golpistas, sus burgueses inductores, y los jefes activistas de la izquierda radical se aproximan a la cita del referéndum del 1-O que carece de los medios y garantías democráticas necesarias e incluso de una ‘sindicatura electoral’ que controle y proclame los resultados, que ha sido disuelta por miedo a las multas (¡menudos héroes revolucionarios!) del Tribunal Constitucional.

No obstante la movilización electoral será importante y el riesgo de que se produzcan enfrentamientos y violencia muy alto, por más que ahora se haya desplegado un amplio operativo de Fuerzas de Seguridad (poniendo a los Mossos bajo el control de la Guardia Civil).

Como cierto parece que después del referéndum y al margen de lo que pase el 1-O Puigdemont querrá proclamar la independencia de Cataluña, ante la debilidad de la respuesta -‘proporcional’- dada por el Gobierno de Rajoy a los golpistas que, asombrosamente, continúan sentados en las primeras instituciones catalanas desde donde han violado la legalidad y desobedecen  las órdenes del Tribunal Constitucional que hace tiempo debió suspenderlos de sus funciones en el Govern y Parlament.

Naturalmente en esta crisis la responsabilidad no es exclusiva de los actores golpistas (Mas, Puigdemont, Junqueras, Forcadell, etc) sino también de los actuales gobernantes de España que no quisieron ocuparse del problema en los pasados cinco últimos años, y que en el inicio del estallido del golpe no han estado a la altura de las responsabilidades y los deberes a los que están obligados por mandato constitucional. Y estamos hablando del Gobierno de Rajoy y del Tribunal Constitucional que van a remolque de la sedición. Y otro tanto se puede decir de Pedro Sánchez del PSOE y del PSC que han jugado a la ambigüedad y rozado la línea que justifica la ilegalidad.

Por todo ello creemos, como decíamos al principio, que la nueva etapa o la segunda Transición española pasa a corto o medio plazo por un gobierno de ‘gran coalición’ presidido por un estadista. De la misma manera pensamos que el tan cacareado ‘diálogo’ del día después del referéndum del 1-O no se puede celebrar ni tiene los interlocutores apropiados, porque los golpistas del PDeCAT, ERC y CUP, encausados en los tribunales por delitos como el de sedición, no se pueden sentar -y menos en el nombre de Cataluña a la que no representan y han traicionado- con quienes han estado y están del lado de la Democracia y la legalidad. Y sería un escarnio y la rendición del Estado que después de lo ocurrido a los golpistas se les premiase con una serie de concesiones y reconocimientos que ni merecen ni se les puede y debe otorgar porque semejante humillación del Estado y del conjunto de los españoles constituiría otra flagrante violación de la soberanía nacional.