Hay que destituir a Trump

No sabemos a qué espera el Congreso de EEUU para poner en marcha el proceso legal para expulsar de la Presidencia del país a Donald Trump antes de que su incapacidad política, errores y disparates conduzcan al gran país americano a un enfrentamiento civil, o antes de que este enloquecido nos meta en una guerra demencial como la que se puede estar fraguando en la península de Corea. El último disparate de Trump ha sido amparar a grupos nazis que han atacado a defensores de los Derechos Humanos.

Está medio loco, no sabe nada de política (nacional ni internacional) y está siendo investigado por el presunto fraude fiscal de sus empresas y por su posible colaboración con Rusia para alterar, a su favor, el resultado de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Ése es Donald Trump, el líder del país más poderoso de la Tierra, que amenaza con ‘furia y fuego’ a la Corea del Norte de otro loco bravucón como es Kim Jong-un, al tiempo que advierte a Venezuela de un ataque de USA contra el régimen de Maduro.

Pero siendo todo esto grave, Trump ha vuelto a disparatar amparando a los neonazis americanos de Virginia, los supremacistas blancos y el Ku Klux Klan, después del ataque terrorista lanzado por estos nazis con un coche a toda velocidad contra defensores de los Derechos Humanos. Una embestida que causó la muerte de una mujer y heridas a decenas de atropellados.

Ante estos graves hechos Trump criticó por igual a los verdugos y a sus víctimas y ello provocó la indignación general en USA, dentro de su partido republicano, de su Gobierno e incluso en su familia donde su hija Ivanka salió a condenar sin ambages a los fascistas agresores, lo mismo que hizo el vicepresidente Pence. Y lo que ha tenido que hacer el propio Trump con su enésima rectificación desde que llegó a La Casa Blanca.

Todos estos disparates han convertido el Partido Republicano en una olla a presión que acabará estallando contra Trump porque el presidente está mal de la cabeza, no tiene arreglo ni mesura y no cesará en su indigna manera de liderar su país y de actuar en la escena internacional.

De manera que el tiempo juega en su contra mientras se agota la paciencia de la mayoría del Congreso de los EEUU, que debería empezar a tomar las medidas oportunas y a lanzar sus últimas advertencias a Trump antes de poner en marcha el ‘impeachment’ que tarde o temprano llegará.